Altares y alegría en el corazón del pueblo rubiense

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Residentes de Mata de Guadua manifestaron su devoción.
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Con emoción y devoción, los hogares de Rubio se unieron a la celebración por la beatificación del doctor José Gregorio Hernández. Frente a sus casas, en una fusión de creatividad y fe, lucieron los altares para rendir homenaje al Siervo de Dios.

Las calles de la Ciudad Pontálida se adornaron en este día festivo para los católicos; los habitantes manifestaron su regocijo y respeto por el hombre bueno y noble, a quien le piden en los momentos de aflicción y cuya sagrada presencia siempre ocupa un lugar privilegiado en sus vidas.

En la avenida 10 del centro, junto al altar elaborado por Julio Gutiérrez, se reunió un grupo de vecinos y tal como expresó Lucrecia Gómez, lo hicieron en honor al beato y para pedirle por la salud, unión, amistad, amor; que los niños puedan recibir alimento, los ancianos tengan sus medicinas y se acabe la pandemia.

Yasmín Hernández, devota desde hace 43 años, iluminó la repisa, renovó las flores y colocó la bandera. Durante años, oró por presenciar este día. Su sueño se cumplió.

Fortalecidos en la fe, los residentes de Mata de Guadua replicaron la deferencia a su querido doctor Hernández; en este lugar, las puertas se abrieron jubilosas para recibir la buena nueva.

Plantas, flores, manteles blancos, velas encendidas y candelabros, acompañados por el tricolor nacional, fueron el marco perfecto para colocar la imagen del Médico de los Pobres.

Hasta allí llegaron las oraciones de María del Carmen Prato y su madre, de Rosario Calderón, Eloína Gómez, Nancy Parada y Carmen Hernández, así como la gratitud de Jackelin Contreras por los favores recibidos, y las múltiples solicitudes para que finalice la amenaza del coronavirus, retorne la normalidad, por preservar la salud y por Venezuela.

Algunas lágrimas, como las que escaparon de Floralba Riaño, humedecieron la figura que colocó junto a su rostro para suplicar por el bienestar de los hijos que debieron alejarse y buscar otros rumbos. Para ella, la tranquilidad.

Surgió la quietud en el momento de iniciar los actos religiosos de la beatificación. El ruido se apaciguó, para no perder ni un detalle de tan significativo momento.

Por las ventanas y las rendijas de las puertas se colaron las risas, los aplausos y los “viva”, cuando se escuchó el anuncio de “Tenemos Beato”. Instante propicio para hermanarse en la esperanza que no desaparece ante la adversidad, en la paz por contar con un nuevo intercesor en el cielo.

Sobre cada uno de los hogares del municipio Junín, y por todo el país, se esparció una suave brisa de bendiciones, resultado de millones de voces orando al unísono en honor al doctor José Gregorio Hernández. Fervor religioso e inmensa gratitud por un acontecimiento digno de celebrar. Se desborda la alegría en el corazón del pueblo rubiense.

Fuente: lanacionweb.com

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