Carta a Don Jesús Acevedo Sánchez

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Jesús "Chucho" Acevedo, Cronista del Municipio Junín. Foto Alan Jaén.
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Don Jesús Acevedo Sánchez:

De todos los invalorables rubienses que escriben y han escrito sobre Rubio, a quien considero como el más dedicado a Don Jesús Acevedo Sánchez, maestro de la cronicidad y de las letras pueblerinas y andanzas librescas junienses además de que es el viejito sabio del Salón de Lectura de Rubio por su mucho trajinar por montañas de libros, documentos, archivos lejanos, rincones apartados en las montañas de los sueños así como entrevistas a lugareños.

Con sus investigaciones bibliográficas y de campo plasmadas en sus numerosos escritos nos pasea de manera fácil por un Junín que no conocimos, por la verdadera historia de nuestro municipio, por barrios y arrabales de Pueblo Viejo, La Palmita y Lombrizal, como más te agrade llamarlo, de cualquier modo, el amor es el mismo, el recuerdo es el mismo, el sentir es el mismo, el fin es el mismo.

Tenemos entonces que Don Jesus Acevedo, mejor conocido como Chucho, es un hacedor de milagros por su invalorable y excelente crónica juniense. Chucho es un valioso recurso presencial y literario quien en sus voluminosas obras para aquel que desee ampliar al respecto hace una interesante descripción de las tierras de Don Gervasio. Don Jesús, es para las generaciones de nuevos profesionales de la docencia, especialmente en las áreas de geografía e historia que egresen de las instituciones pedagógicas de la región, representa importante recurso académico. Pero, cómo opera el milagro? Pues Chucho magistralmente navega en la imaginaria máquina del tiempo, una destartalada y ancestral silla casi giratoria, una computadora de última generación (1950 o 1960) y de vez en cuando el infaltable “chicotico” que chupa y rechupa. Repentina e irresistiblemente salta de su silla para trasladarse a degustar un oloroso café con pan calientico de la cercana panadería Valera, es la hora precisa de visitar ese celestial lugar adornado de diosas dignas de una maravillosa isla griega. Su llegada a ese lugar es algo espectacular, las bellísimas muchachas que allí trabajan ya conocen a este galán especial, le sonríen, le dan su besito, le preparan su cafecito como a él le gusta, es decir, muy milagroso, el viejito cierra los ojos, degusta el rico sabor del tinto, sueña con lo que aspira lograr, su sueño de terminar en lo que lo sublimisa, lentamente y contra su voluntad sale de ese paradisíaco lugar, camina como aturdido, a duras penas entra a su oficina, va cargado de sonriente felicidad.

Allí, casi hipnotizado busca apoyo en la vetusta silla de su oficina donde todavía soñolientamente agotado con gran esfuerzo reinicia su concentración. Que doradas tardes las de esa panadería Valera.

Alexander Omaña Álvarez

3 COMENTARIOS

  1. tres años sin disfrutar de tu presencia, Chucho, amigo especial que te ganaste un lugar en el baul de los recuerdos de todos quienes te conocimos, muchacho, haces falta en aquella tu vieja oficina, nave de tus sueños donde viajabas por un Rubio que nos enseñastes a querer, que nos mostrastes con tus libros lo grande que es este Rubio donde nacimos y nos criamos

  2. que paso muchacho, donde carajos estas metido, no ves que miles de admiradoras se agolpan a la puerta del salon de lectura para disfrutar de tu prsencia?

  3. chucho, recien nos enteramos de tu quebranto de salud, cierra los ojos, respira profundo y adelante muchacho, vuelve a tu importante labor de cronista, en medio de todo, quienes te conocemos deseamos verte como siempre en la cuadra de la Plaza Urdaneta,

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