Escritores (II)

José Gregorio Pérez Rojas

Licenciado en Teología y Filosofía de la Universidad Católica de Santiago de Chile. Nació en Rubio el 28 de Noviembre de 1924. Vicario de la Parroquia Coromoto, Profesor del Colegio «La Salle» y del Liceo «Simón Bolívar». Director de la página Literaria del Diario Católico. Redactor de Programas del Radio Periódico Católico Semanal de San Cristóbal, Presidente de la Asociación Venezolana de Educación Católica, Seccional San Cristóbal desde 1948 hasta 1964 en diversos periodos. Profesor de Psicología y Filosofía del Liceo «Simón Bolívar” de San Cristóbal por más de 25 años. Fundador del teatro Liceista, desde 1950 hasta 1972. Profesor de la Cátedra Introducción a la Filosofía en la Escuela de Letras de la Universidad Católica de San Cristóbal, desde su fundación en 1962. Director adjunto de la Escuela de Educación de la misma Universidad. Miembro Fundador de la Universidad y del «Liceo de Aplicación» de San Cristóbal. Miembro de la Asociación de Escritores Venezolanos, Seccional Táchira. Entre sus publicaciones se destacan: “Lecciones de Filosofía”, Caracas 1962. “Mural Humano”, Biblioteca de Autores Tachirenses, Caracas. 1976.

José R. Luna Caballero

Ingeniero agrónomo, catedrático, narrador y poeta juniense (Cuquí); profesor durante 28 años en la Facultad de Agronomía de la Universidad Central de Venezuela Núcleo Maracay; Inspector Nacional de Vialidad; colaborador de las revistas “Expresión” (Villa de Cura) y “Agricultura Venezolana” (Maracay. Segundo lugar en el Concurso de Cuentos “La Nación” con “Yo peso siete auyamas” (1993) en cuanto a la poesía, es autor de sonetos y poesía lírica. (Tomado de: Contreras Bautista, José Antonio. (1995). Junín, tierra Pionera y Promisoria. Ediciones de la Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses. Caracas)

Leonardo Ruiz Pineda

ruiz_pineda.jpgEste héroe y mártir de la política venezolana, en la hora de la diáspora y de la aventura de la resistencia, es uno de los venezolanos discutidos y a la vez más admirados al valorizar su sacrificio y su entrega a la realidad de una patria mejor. Es porque este valiente «guerrillero de la libertad» lo aportó todo al bien de Venezuela, mientras otros nada aportaron y mucho quisieron cobrar en el momento del balance o sea cuando el destino del país cambia la obscuridad de los caminos por la luz del recobrar democrático. Leonardo Ruiz Pineda nació en Rubio el 28 de septiembre de 1916, en una callejuela del barrio La Palmita cerca del cauce de la quebrada La Capacha en rumbo interrumpido hacia el barrio Puerto Cabello. Su casa modesta es -como él mismo lo dice- su «ancho mundo de correrías por cuyo corredor di los locos saltos de una niñez con bolsillos atestados de piedras, golosinas, botones de colores y el trompo mágico y rumbero». Al hacer Leonardo la síntesis de su autobiografía se manifiesta el escritor y el poeta en la visión de su niñez y en la lucha tempranera por restaurar en Venezuela el régimen democrático. En la Escuela Federal Junín hace su educación primaria y allí, como en el Colegio María Inmaculada, sus maestros son los mismos nuestros: Marcos Eugenio, Eudoxio Pedraza, Fray Antonio María Sierra, los Pdres. Mejía y Castañeda y el Hermano Suárez. Las travesuras infantiles lo hacen descubrir la malicia y la falsedad humana. La angustia de unos, el susto de otros y el silencio de todos por la tenebrosa incertidumbre, despiertan en Leonardo la altivez de la protesta. De Rubio viene a San Cristóbal y es alumno destacado del Liceo Simón Bolívar. La Asociación de Estudiantes del Táchira da vivacidad a su inquietud y don Carlos Rangel Lamus es sorprendido por el rubiense cuando éste es amonestado por su rigidez. La calidad del maestro valoriza, entonces, la cualidad del alumno. Hubo un interferido conato de polémica entre Leonardo y nosotros. En su autobiografía él dice que sobre «temas de generalidad liberaria». En realidad algo hubo de esta circunstancia, pero hubo una razón sentimental que incomodó al revolucionario y al poeta vanguardista en cierne. Posteriormente la emoción de la nativa ciudad reanudó el diálogo cordial. La vocación política de Leonardo estimula su pasión por la lectura. Esta pasión la impulsa en el equilibrio de un empeño del cual ya más nunca desiste. Su sangre rubiense es sinceridad venezolana y por ello sus palabras y sus acciones expresan el signo de la revolución. En su camino juvenil tropieza con el relámpago de un cuentista bohemio de ideas y con el mensaje oloroso a ajenjo, rebosado de angustia y retorcido por el ácido desespero. Es Antonio Quintero García, un revolucionario culto, desgarbado y trashumante. Leonardo asimila la experiencia literaria y el desgarrado recado del gritense en su caminar adolorido por una Venezuela en el sopor de la espera. Leonardo Ruiz Pineda va a Caracas en 1933 y cursa estudios de Derecho en la Universidad Central. Su voz provinciana tiene la suavidad de la insinuación amistosa y, desde luego, capta la observación y la vinculación cordial con la dibujada sonrisa bajo un bigote cuidado y de discreta atracción. «Fantoches», tribuna y cátedra inmersas en el dolor de la geografía nacional, lo tiene entre sus asiduos visitantes. Sus juicios aparecen como estiletes agudos en la expectación del viejo Leo y aquellos humoristas arrinconados en su romanticismo etílico por no poder gritar sino asomar la discreta rebelión ante el drama popular. Sus estudios universitarios y su estada en la metrópoli lo inducen, cada vez más, a la lectura y al aprendizaje de literatura de excepción y por supuesto, a la identificación con la justicia y la libertad. Su tiempo libre lo dedica a leer y a escribir. Cuentos y poemas desbordan su ansiedad intelectual. Al comprender que sus pensamientos no llegan a la madurez de su espíritu o no interpretan cabalmente su gusto literario, sus escritos van al cesto de los papeles inútiles. Sin embargo, algunos poemas alcanza a publicar y tienen la admiración de cuantos, como él, son vanguardistas.
Conoce a los revolucionarios de la época, aquellos dirigentes unidos por la diáspora, desunidos después por las ambiciones personales. Sus convicciones son profundas, definidas de una vez para siempre. El Partido Democrático Nacional (el conocido y discutido P.D.N.) lo integra a sus filas como fundador y en cierto modo como ideólogo. El año de 1938 es de intensa actividad para Leonardo Ruíz Pine­da. Su partido robustecido con la exposición de la clandestinidad, le impone responsabilidades específicas. Esta circunstancia le inflige el primer carcelazo en Upata y la primera querella con la democracia timorata y en zancos en la Guayana de las resonancias nacionales. Eran los días de la inseguridad republicana por los vaivenes de una política zocarrona. El país es convocado a elecciones primarias y en el Táchira el Partido Liberal despliega sus velas a la esperanza de los nuevos días, después de la muerte del Caudillo de mayor dimensión en una Venezuela controvertida por su realidad histórica. Dos rubienses son postulados como Diputados a la Asamblea Legislativa del Estado por el distrito Junín: Leonardo Ruíz Pineda y quien esto escribe. Es cuando surge la novedad electoral del voto acumulativo. No obstante, nada cohibe la decisión de los electores y Leonardo y nosotros podemos estrenar los atributos parlamentarios. En 1940 el Táchira y Venezuela tienen un nuevo abogado y la consolidación de un periodista fogoso y batallador; a veces sereno cuando se impone el escritor conceptuoso, sin que su pasión venezolanista deje de ser incisiva ante el estado de cosas que vive y siente su país. «Fronteras», en San Cristóbal, es el periódico de influencia y contenido políticos. En el mismo discute y deja conocer sus ideas de avanzada inquisidora y revolucionaria y aquellas «Ventanas al mundo», su columna ya célebre en el ahora desaparecido vocero «El Centinela». Venezuela renueva el vigor de la democracia militante con la acción liberal de un gran Presidente: Isaías Medina Angarita. El clandestino P.D.N. puede salir a la calle y andar por todas las rutas venezolanas como partido legalizado en 1941, bajo el nombre de «Acción Democrática». Así Leonardo cuaja en el líder y el caudillo de una época memorable en la vida política del país y, asimismo, en el intelectual y el orador de atrayente figura de modelador de la valentía y de la gallardía de la identidad nacional. Cuando en 1943 tiene efecto una convención juvenil nacional, es él quien la dirige y la estimula. Al producirse el aún injustificable 18 de octubre de 1945, Leonardo Ruíz Pineda se convierte en gobernante, al ser designado primer Secretario de la Junta Revolucionaria. Pocos son los días de su actuación como tal, pues es nombrado Gobernador de su Estado nativo. Son tiempos difíciles por la intemperancia política y el desbordamiento del sectarismo. La problemática regional audiza la situación político-económica, y sus propios copartidarios a nivel estatal y nacional se empeñan en desbarrar contra el Táchira. Es la consecuencia de un afán manido. Leonardo debe sortear las dificultades y lo hace a medias por la incontinencia de cuantos fracturan la convivencia. Al ser electo Presidente constitucional el extraordinario novelista y escritor don Rómulo Gallegos, el destacado tachirense Leonardo Ruiz Pineda es nombrado Ministro de Comunicaciones. La verdad es que merecía y tenía capacidad para una distinción de mayor jerarquía. Por eso algunos comentaron que la politiquería cortaba el vuelo del venezolano ilustre. La sorpresa de un nuevo golpe de estado, el 24 de noviembre de 1948, desarticula la movediza posición de un gobierno sin la seguridad de una obra como para superar las contingencias de una Venezuela sin el testimonio del entendimiento y de la eficacia. Leonardo va a la cárcel y, asimismo, a cumplir la predestinación heroica de su destino. Luego de cinco meses de prisión, se le libera el 19 de abril de 1949. Ya para entonces es un dirigente de carácter e influencia nacionales. Ahora será el combatiente y el caudillo de una causa de innegable trascendencia para la salud de la República: la de su recuperación democrática. Por supuesto esa causa tiene también la razón fundamental de mantener la vivencia de su partido. Ha estado en la lid política sin reservas ni temores. A la lucha vuelve acompañado de unos pocos. Nadie como él sabe afrontar las inmediatas posibilidades del peligro y, desde luego, los poderes de la dignidad ciudadana. Su partido es perseguido y algunos de sus dirigentes encarcelados, desterrados y obligados a la fuga. Es porque su partido «Acción Democrática» alcanza la revisión de la historia -con el comunista- en cuanto a la afirmación de la resistencia. Leonardo tiene el peso -más nadie- de la responsabilidad de un pueblo que lo admira y lo tiene como su héroe y su caudillo en la angustia de restaurar la institucionalidad del país nacional y del político. En la Cárcel Modelo no se amilana, al contrario se agiganta su pensamiento y su acción al reflexionar sobre el drama venezolano. Allí hace a Ramón J. Velásquez -también preso- «la más divertida crónica de los episodios ocurridos en los momentos de su prisión y un agudo e implacable análisis de las causas que determinaron aquella crisis. A su ojo zahorí no se escapaba ningún detalle del drama». Y le agrega: «Y ahora, a esperar, trabajando». Este propósito lo cumple con una decisión incomparable. Asimismo lo dice Ramón J. Velásquez, quien hasta ahora ha escrito la mejor semblanza del héroe y del mártir. «Acción Democrática» queda a la zaga y sus cuadros son desmantelados. Los débiles, los escogidos y los cómodos no quieren la cárcel ni el exilio. Es cuando Leonardo hace poderosa su lucha y notables sus recursos para la fragua de una sostenida y épica resistencia. No le importa el peligro ni la soledad de su contienda. Se convierte -como lo dice Ramón J. Velásquez- en el «jefe y servidor, periodista y corresponsal, economista y militar». Es porque Leonardo lo es todo en esa batalla de extraordinarias proyecciones yen la cual solamente lo acompañan unos pocos, entre ellos Alberto Carnevalli quien cae primero por una enfermedad y el acoso de la represión. Comienza el rubiense a formar la urdimbre de una gran concentración de voluntades. Discute, analiza y crea un ejército donde él es el táctico, el estratega y el logístico. Hombres de todas las corrientes y de todos los ejercicios civiles, militares y hasta eclesiásticos son los eslabones de una cadena extendida a todos los rincones venezolanos. Es el héroe de una época crucial para la política nacional y a la vez histórica y memorable. Pequeño de cuerpo pero grande de espíritu, aglutina todas las reservas de la valentía y de la esperanza del país. Se moviliza cautelosa pero virilmente en el centro y la periferia de la metrópoli. Escribe manifiestos, cartas, editoriales, artículos y aquellos papelitos abiertos o en clave para dar instrucciones, convenir entrevistas, preparar acciones y mantener activas las barricadas de la resistencia. Obreros e intelectuales, civiles y militares, banqueros y empresarios iban a su escondite, el cual tenía «apariencia de despacho presidencial». ¿Algún político de nuestra época puede mostrar credenciales semejantes? Nadie lo denuncia, todos lo protegen y son combatientes con el secreto de la itinerante lid de un caudillo de la libertad. Tal secreto es como el manantial escondido en la reconditez de la montaña y el cual se hace mar al llegar la hora del cielo y de la inmensidad abierta a todas las rutas y a todos los rombos. Y llega el instante de la traición y de la tragedia. Leonardo, con su sonrisa como una flor lozana en medio de las zarzas y el rencor de las espinas, llega a una calle que desemboca en la Avenida San Agustín y que ahora lleva su nombre, y allí tres balazos asesinan la emoción, la pasión y la entrega invalorable de su vida. Venezuela se enluta y el pueblo se sobrecoge en su dolor. Ramón J. Velásquez sintetiza la protesta nacional con estas lapidarias palabras: «Crimen tremendo, por inútil. Matar a Leonardo era transformar su carne temporal en bronce eterno. Matar a Leonardo era tan absurdo y tan inútil como asesinar la mañana, o disparar contra la luz del sol. Matar a Leonardo era tan necio como matar un pueblo. Porque Leonardo era el pueblo. Y el pueblo es eterno, invulnerable, avasallante. Leonardo asesinado es bandera y grito de victoria, y ejército innumerable». Muchos venezolanos de todas las toldas políticas, de todos los estamentos sociales, han escrito sobre la vida y la obra de Leonardo Ruiz Pineda. Ojalá aparezca su biógrafo cabal, limpio de pevenciones o parcialidades. Si Colombia tuvo un Jorge Eliécer Gaitán para elevar la historia de la libertad, Venezuela tiene un Leonardo Ruiz Pineda para adecentar los cauces del caudillismo y del despotismo con la sangre de su revolución noble, incomparable por el bien y el prestigio de la nacionalidad. Es porque fue y es el Caudillo pulcro con las ideas liberales que reivindican a las multitudes desorientadas y sin dirigentes idóneos, sanos y desinteresados. Leonardo Ruiz Pineda, guerrillero de la libertad, héroe rubiense con clámide de venezolanidad para galopar el potro de la rebelión, gallardo adalid del ejemplo y de la fe por y para la democracia, es hoy el hombre-mensaje para la unidad del pueblo y el vigor de esa democracia nuestra tan zaherida y distorsionada por la virulencia y el despecho de la política. Es porque la democracia para ser verdadera debe ser coherente y amplia, sin demagogia y sin soberbia. (Tomado de: Rosales, Rafael María. (1990). Imagen del Táchira. Ediciones de la Presidencia de la república. Caracas. Pp. 524-529).

Libia Suárez de Peñaloza

libia_suarezHistoriadora local, tiene en su haber varias publicaciones sobre el proceso histórico y educativo de varias poblaciones del estado Táchira y en especial del pueblo de Rubio y del Municipio Junín. Sus obras son fuente de consulta sobre diversos tópicos culturales. Nativa de Rubio, hija del comerciante y escritor Martín Suárez Albarracín y de doña Felicia López. Trabajadora social. Licenciada en Educación y Profesora jubilada de la Universidad Nacional Experimental del Táchira. Ha publicado seis obras: “El Nuevo Reino de Granda en la región Tachirense”, “El Amigo del Pueblo” (2002)·, contentivo de crónicas y recuerdos sobre el pueblo de Rubio; “Peribeca, 400 Años”, “Rubio y su historia, proceso de poblamiento de una ciudad de Frontera” (2007). Dentro de su interés social ha publicado “Dinámica y participación vecinal” y “Sociedad Civil y participación Ciudadana” (2007). Actualmente se viene dedicando a la investigación dentro del campo de la biografía sobre personajes celebres de la población de Rubio. Acaba de terminar un libro sobre el proceso histórico de la UNET, que pronto será publicado. Se ocupa constantemente de dictar conferencias a nivel nacional e internacional. Recientemente ha sido designada como miembro de la Academia Nacional de la Historia de Venezuela, honor recibido por primera vez por un ciudadano de la población de Rubio.

Lorenzo Monroy

lorenzo_monroyPersonaje rubiense altamente valorado por sus grandes éxitos profesionales y en especial dentro del orden de la educación superior del estado Táchira, por haber sido el Rector – Fundador de la Universidad Experimental del Táchira. Lorenzo Monroy nace en Rubio, el 8 de mayo de 1923. Cursa sus estudios básicos en su aldea natal Alineadero. Su afán de superación lo llevó a la ciudad capital de Caracas donde se inscribe en Ciencias Sociales en el Instituto Pedagógico de Caracas y cursa estudios entre 1942-1946. Posteriormente realizó estudios avanzados de Gerencia en la Universidad Central de Venezuela entre 1958-1959. Realiza su maestría en Administración de Educación Superior en los Estados Unidos donde cursa estudios en la Universidad de Wisconsin entre los años de 1965-1967. Realizó una diversidad de cursos de mejoramiento y actualización profesional, sobre Relaciones Humanas e Industriales, Dinámica de Grupos, Supervisión, Entrenamiento de Personal, Política Cultural, Gerencia, Educación de Adultos. Realiza posteriormente el Doctorado en Educación en la Universidad Santa María (1997-1998). Toda su vida la dedicó a la Educación venezolana, a pesar de sus limitantes económicas y de salud. Fue Profesor de Geografía de Venezuela, en distintos planteles de Educación Media en Caracas (1943-1950). Subdirector del Liceo Simón Bolívar donde había cursado su bachillerato (1946-1948). Profesor del Instituto Universitario Pedagógico de Caracas (1948-1952). Fue Coordinador de un Estudio Socioeconómico de Los Andes bajo la responsabilidad del Concejo de Bienestar Rural (1952-1953) Supervisor de la Empresa Petrolera Creole en Caracas y Maracaibo (1953-1961). Ministro de Educación encargado en cuatro períodos. Profesor asociado en Wisconsin USA (1965-1967). Asesor Técnico de la Universidad de Oriente (1967-1968). Director de Educación Secundaria y Especial del Ministerio de Educación (1969-1971). Profesor de la Escuela de Educación de la UCAB, Caracas (1967-1974). Asesor de la Universidad Simón Bolívar (1972-1974). Desde 1973 emprende su ideal de poder constituir en el Táchira un Centro Universitario y dicho sueño fue logrado con la conformación de la UNIVERSIDAD NACIONAL EXPERI-MENTAL DEL TÁCHIRA (UNET), constituyéndose en su Rector-Fundador entre los años de 1974-1979. En 1982 se constituye en Director Fundador del Instituto Nacional de Andragogía, Caracas (1982). Entre 1981-1989 se conforma como Director del Centro Venezolano Americano de Caracas. En 1992, fue Director-Fundador adhonoren de la cátedra “Lorenzo Monroy” para el estudio de las Reformas e Innovaciones en la educación. Su obra intelectual está dispersa en diversos artículos, monografías, discursos, entrevistas, reportajes, conferencias, intervenciones públicas, y prólogo a una serie de libros. Su hermano, profesor Jubilado y abogado, Diego Monroy Coronel, publicó una obra titulada “Lorenzo Monroy, su vida y su obra”, editado por la UNET en su año jubilar 1999. Un absurdo accidente sucedido en Boconcito, Estado Portuguesa el 12 de agosto de 1998, sesgó la vida de este hombre de altas dimensiones dentro del contexto educativo venezolano. Lorenzo Monroy es el campo del mundo educativo uno de los hijos más preclaros de la historia del Municipio Junín. (Escrito por: Hermes Martín Suárez López, Historiador).

Luís Alberto Parra

luis_alberto_parraInvestigador, preservador y difusor de la historia de la parroquia Bramón. Es fuente permanente de consulta de estudiantes e investigadores. Ha publicado un libro sobre el proceso histórico de Bramón y diversos folletos. Además posee una variedad de objetos preservados dentro de su museo privado. Nativo de Bramón, Parroquia del mismo nombre del Municipio Junín. Profesor jubilado que ejerció su oficio en diversas instituciones a nivel nacional durante muchos años. Realizó un proceso investigativo que conllevó a la publicación de su obra “Bramón, huella de un caminante”. Ha realizado numerosos escritos sobre el aspecto cultural y mantiene inéditos varios estudios sobre la población de Bramón. Su interés por la preservación del patrimonio material “Los Objetos”, lo ha conminado a recolectar diversas piezas que las mantiene en su museo particular. Es autor del himno, escudo de armas y bandera de la Parroquia Bramón. Actualmente prepara una nueva obra sobre los aspectos folklóricos y culturales de su comarca.

Manuel Antonio Pulido Méndez

manuel_pulidoHijo ilustre de este pueblo, fue un hombre entregado al sagrado deber de promover la libertad, la unión y sentar los criterios de la democracia. Su posición revolucionaria en contra del sistema implantado por Juan Vicente Gómez lo llevan a la cárcel en el año de 1921. Marcha entonces luego a México, y allí se gradúa de médico en la Universidad de Michoacán. De allí marcha a España y obtiene su título de Licenciado en Medicina y Cirugía en Madrid. De allí regresa de nuevo a su pueblo en donde práctica la medicina. En 1937 asume la primera magistratura del estado Táchira y a partir de 1943 inicia su carrera diplomática. Su primer cargo lo desempeña en el Perú, de allí es trasladado a Brasil en donde se desempeña hasta el año de 1948. Al asumir la magistratura el ilustre escritor don Rómulo Gallegos es trasladado a la embajada de México. Años más tarde regresa a Venezuela y es designado en el año de 1952 como embajador en la Santa Sede, y luego desempeña en París su último cargo diplomático. Regresa a Venezuela en el año de 1964 de visita y el 12 de mayo de 1965 la muerte lo sorprende en los Estados Unidos. (Tomado de: Suárez de Peñaloza, Libia. El amigo del Pueblo. Ediciones del Autor. San Cristóbal, 2002). Pulido Méndez, Manuel Antonio. Rubio (Edo. Táchira) 12.10.1898 _Boston (Estados Unidos) 12.5.1965. Médico, escritor, profesor y diplomático. Cursó sus estudios secundarios en el liceo San José de Los Teques e inició la carrera de medicina en la Universidad Central de Venezuela. En abril de 1921, es apresado, junto con un grupo de estudiantes, por solidarizarse con la huelga de los tranviarios de Caracas. Exiliado a México, continuó sus estudios de medicina y fue secretario de José Vasconcelos, el secretario de Instrucción Pública (1921-1924). Viajó a España donde culminó su carrera como licenciado en medicina y cirugía de la Universidad de Madrid. Regresó a Venezuela (1926), pero en 1930, tuvo que ir nuevamente al exilio, en Cúcuta, donde estableció una clínica que pronto se convirtió en el amparo para muchos venezolanos exiliados. De regreso al país después de la muerte de Juan Vicente Gómez, fue nombrado presidente del estado Táchira (1936), pasando luego a desempeñarse como rector de la Universidad de Los Andes (1938). Durante su permanencia en este último cargo, fundó la Escuela de Aprendizaje Técnico y la Revista de la Universidad de Los Andes; inició el sistema de profesores por contrato y fomentó el deporte. Profesor de fisiología, encomendó el estudio y el trabajo para salvar y catalogar las obras clásicas antiguas de la biblioteca de la Universidad. En 1941, se incorporó al servicio diplomático y sirvió como ministro plenipotenciario y embajador en Montevideo, Quito y Lima (1941-1947). Embajador de Venezuela ante la Santa Sede, renunció a raíz del fraude electoral (2.12.1952) y permaneció exiliado en México hasta la caída del gobierno de Marcos Pérez Jiménez. De nuevo en el servicio diplomático, fue embajador de Venezuela en Francia (1959-1964). Fue autor de varios ensayos de carácter filosófico – político, así como de una biografía del general Régulo Olivares (1962). F.P (Tomado de: Diccionario Histórico de Venezuela, Fundación Polar. Cd.). Entre su numerosa obra literaria y política se encuentran: Genios y Místicos. Madrid. 1926; El Hombre Desnudo. Madrid. 1927; Apuntes Endocrinológicos. Madrid. 1929; La Hora de la Emancipación. Madrid. 1930. Morfología de la política Venezolana. Madrid. 1930. El Espíritu y el Poder. Madrid. 1931. Destino y Libertad. (Páginas Venezolanas) Madrid. 1931; Las grandes Líneas de la Axiología. San Cristóbal. 1936; En la Epifanía Espiritual de Monseñor Justo Pastor Arias. Rubio. 1937, Régulo Olivares y su época. México. 1954. Negsa (Arcana ilación de un cuadro). Relato Novelado. México. 1959. También publicó numerosos opúsculos sobre variados temas, ya filosóficos, ya políticos, literarios o biográficos.

Martín Suárez Albarracín

martin_suarez_albarracinNació Don Martín Suárez el 11 de Junio de 1893 en el seno de una familia campesina, en la aldea La Blanca del Distrito Junín. (…) Su madre María del Rosario Suárez fue una mujer trabajadora, campesina, recogedora de café, muy joven queda viuda, debido a que a su esposo estaba alistado en las fuerzas del General Uribe Uribe, en la denominada “La guerra de los mil días”, le correspondió asumir la educación y crianza de sus hijos Martín y Apolinar, sola, siendo educados con mucho esfuerzo y afecto, debió trabajar muy duro para educarlos. Aquella campesina llega a la Hacienda La Alquitrana, propiedad de Don Manuel Pulido Pulido, pionero de la formación de la primera compañía petrolera venezolana, en su finca La Alquitrana, en su suelo se encontró hulla de la cual sacaron la brea o alquitrán en el año de 1882. Al hogar de la familia Pulido-Pulido llega María del Rosario con sus hijos, corría el año de 1900, contaba Martín 7 años y Apolinar 9. El joven Martín queda con su madre en La Alquitrana, convirtiéndose en ayudante de su madre en las pequeñas cosas del hogar y en compañero de juegos del niño Manuel Pulido Méndez, nieto del dueño de la hacienda. En ese ambiente y en ese hogar comienza la educación del niño Martín. Aprende las primeras letras e inicia su inquietud por todo aquello que le depara la naturaleza, le atraen los caballos aprendiendo a cuidarlos, cuida con esmero los panales de abejas y a la vez disfruta de su miel, con frecuencia se escapa hacia los cultivos de café colaborando en su recogida. Este tiempo es corto para el joven Martín, por cuanto ha crecido y su madre decide irse a la ciudad Rubio. El joven Martín llega con su madre a residenciarse en la ciudad, para esa época, Rubio era un pequeño pueblo donde todos se conocían. Viene Doña María del Rosario con muy buenas referencias de la familia Pulido Pulido, llega a trabajar en casa de Don Diego Febres Cordero y su esposa Doña Edelmira Noguera, era Don Diego un hombre que pasaba los 60 años. El joven Martín se convierte en el muchacho de mandado y jardinero, los aprendizajes obtenidos al lado de los Pulido-Méndez le serán de gran utilidad. Para aquel momento Don Diego era uno de los hombres prominentes y honorables personajes de la ciudad, era el centro de desarrollo de las ideas, era un centro cultural espontáneo de mucha camaradería, de hombres en el naciente Rubio. Propietario de una gran biblioteca era su lugar más preciado, en ella estaban presentes autores clásicos, siendo sus preferidos los filósofos. En ese ambiente de riqueza, intelectualidad, austeridad y sencillez, se formó la adolescencia y adultez del joven Martín Suárez, quién devoraba con entusiasmo los libros propiedad de su patrono y quién compartía opinión sobre las lecturas. En ese hogar recibió su instrucción primaria formándose y madurando física e intelectualmente. Esa etapa de la vida al lado de Don Diego, constituyo la base de su interés por la lectura y acrecentar de sus conocimientos y saber práctico. (…) El ambiente le permitió enriquecer los conocimientos, en su interés por su formación intelectual buscaba incre-mentar los saberes que le van a permitir desarrollar su conocimiento y su formación, buscaba realizarse. El joven Martín fue un autodidacta, para él la educación fue un instrumento utilitario, se manejo entre la teoría la praxis y la experiencia, elementos que contribuirían más tarde a superarse y a elevar su posición social y económica. Su formación pragmática y utilitaria le llevó a la realización de acciones y funciones en áreas de comercio, construcción, actividades agrícolas e industrial, que realizó con laboriosidad, empeño y esfuerzo, permitiéndole mejorar cada día su situación económica. Fue Don Martín una persona que asumió el trabajo como una batalla, lo hacía con entusiasmo, vehemencia buscando la obtención de logros, fue un hombre con una elevada autoestima que levantó su familia con grandes principios morales y en esto fue su colaboradora hasta su muerte su digna esposa Doña Felicia López Morales. A los 26 años contrae matrimonio con la señorita Felicia López Morales, hija legitima de Ana Julia Morales y Valentín López, al año siguiente nace su primer hijo, una niña que recibe el nombre de Elsa María, enviada a estudiar a Caracas se gradúa en la escuela Miguel Antonio Caro de maestra a su regreso se convierte en la Directora de la escuela para niñas «Simón Rodríguez”, actual Grupo Escolar Estado Sucre, hoy jubilada y residenciada en Caracas. Hombre responsable del hogar siempre estuvo apegado a los principios morales que inculcó a su familia, para él el trabajo constituía la dignificación de la persona, su laboriosidad lo llevó a empeñarse en hacerlo bien. Buen amigo y leal compartía con ellos juegos, negocios, anécdotas e ingeniosas crónicas. Como padre siempre proporcionó confianza y seguridad a sus hijos, su constante preocupación era su familia con quién compartía afectuosamente. Exigente con sus hijos en cuanto a responsabilidad, honestidad, disciplina y estudio. Como esposo fue cumplidor de sus deberes, respetando las decisiones de su cónyuge, del hogar Suárez López nacen los siguientes hijos: Elsa María, José Emiliano (fallecido) Consuelo (fallecida) Victoria de Villamizar, Elena de Mendoza, Gisela de Pinzón, Libia de Peñaloza, Cristina de Santos, Martín, Simón (fallecido), María del Rosario de Suárez, once hijos en total, cuatro de este grupo familiar se han distinguido como educadoras. Fue Doña Elisa, arquetipo de la Diosa Hera, denominada en la mitología como la esposa eterna. Hera fue la esposa de Zeus Dios del Olimpo según la mitología es la diosa del matrimonio y su actuación describe el rol de la mujer esposa. Cuando se señala a Doña Elisa como arquetipo de Hera, es que fue una mujer dedicada a su esposo, disfruto de su pareja Don Martín con abnegación y devoción. Su esposo constituía el eje central del hogar y a él estaba subordinada, cumpliendo un rol de madre prolifera y autoridad del hogar. Fue Doña Elisa una gran señora, su vida transcurrió con dignidad, sencillez, abnegación y trabajo para su esposo y sus hijos. Formado en un hogar sencillo y enriquecida su formación en el seno de la familia Febres Cordero-Noguera, gozaba del aprecio de Don Diego, con quien compartía comentarios de lecturas y anécdotas. Es recomendado por Don Diego para trabajar en la oficina de la luz, su trabajo consistía en estar pendiente de que las calles de la ciudad de Rubio estuviesen iluminadas, para ello debía cargar la escalera a su hombro a fin de colocar los focos en las calles. Esta actividad que realizaba con satisfacción dándole la oportunidad de relacionarse con los diferentes niveles sociales existente para la época e iniciar amistades, que le fue muy fácil por su jovialidad y por el carácter extrovertido de su personalidad. Su comportamiento, seriedad y responsabilidad le fueron distinguiendo como un «hombre de bien». En ese trabajo permanecerá aproximadamente ocho a diez años, a su vez simultáneamente los fines de semana se dedicaba a la actividad de fotógrafo, oficio que hacía con la finalidad de aumentar sus ingresos. Su austeridad y el espíritu de economía le permitirán en 1926 adquirir una modesta casa en los Corredores, inicia su trabajo como un pequeño comerciante de víveres, esta empresa recibió el nombre de “Alfa”; para esa época la plaza Junín y los corredores eran el mercado del pueblo. Al mejorar su situación económica, al poco tiempo después comprará la casa que se convertirá en asiento de familia y de los nuevos negocios; uno de estos negocios, será la famosa bodega “EL AMIGO DEL PUEBLO” transcurrirán más de tres décadas de su vida, disfrutando de su familia e incrementando los bienes y creando nuevos negocios en ese lugar donde vivió hasta el momento de su muerte. (…) Don Martín disfrutaba el montar a caballo y todos los años con motivo de las ferias y fiestas se reunían rubienses para desfilar, siendo Don Martín uno de ellos. Para el año de 1929, Don Martín era un importante hombre de negocios había creado la empresa Alfa, era el representante de Don Martín Marciales (el viejo) de la agencia de automóviles Chevrolet, a su vez había instalado la fábrica de pastas (fideos) y la fabrica de gaseosas «La Colita». Negociaba con la compra y venta de café, instalando igualmente una molienda de granos. Obtenida una posición económica holgada se asocia a su compadre Don Alejandro Gutiérrez, en la rama de venta de licor, negocio que dejaría algunos años después. Fue Don Martín hombre progresista, de actuación práctica, con sus actividades comerciales contribuyó al desarrollo de su pueblo, en todas las empresas que inició dio trabajo a muchos rubienses, oportunidad de alejarse, continuó en su querencia Sus diferentes actividades comerciales, como agricultor, constructor y en las otras pequeñas empresa tuvo la oportunidad de dar trabajo a muchos rubienses. Sigue mejorando su situación, por lo que se dedicará a la obtención de bienes raíces, comprará la casa y terreno del Sr. Eugenio Vitanza, propiedad que continúa en manos de la Sucesión Suárez López. Compra la hacienda «La Virginia», cultivando café, compra el «chercal» en Cania dónde se dedica a la elaboración de ladrillos, sería dedicado a esta actividad donde encontrará la muerte. Habiéndose convertido en uno de los hombres importantes de la ciudad, se hace miembro del Club «Venezuela» convirtiéndose en co-fundador y en época de su gestión que se adquiere el inmueble, también será co-fundador del Club “Sucre»; compartirá amistad y juegos de cartas y dominó con distinguidos y honorables hombres de la ciudad, que después de sus labores cotidianas se dedican a distraerse amenamente. El 30 de Julio de 1955 se convierte en miembro activo del Rotary-Club, a su vez asume la dirección de un semanario denominada «El Correo de Rubio», editado en la tipografía A. B. C, sobre esto el historiador Rafael María Rosales, expresa: «el Correo de Rubio dirigido por Don Martín Suárez, el cual prosigue la tradición brillante del periodismo tachirense” (Rosales Rafael María. Rubio la ciudad del pueblo. Tipografía Cortés. San Cristóbal 1957. p. 95). El pensamiento utilizado en todas las ediciones fue: «Se beneficia más quien mejor sirve». En este semanario hace de cronista, escribiendo amenas crónicas, con la finalidad de conservar las tradiciones y leyendas del pueblo y convertirlas en memoria permanente (…) La vida del Rotary Club se inicia con los siguientes socios: Leonardo Alarcón, Manuel Arce, Luis Otto Berenheimer, Alejandro Gutiérrez, Jesús María Gamboa, Werner Hornung, Emilio López, José Rosario Manrique, Hans Meyer, Domingo Moros, Marcos Niño, Manuel Rodríguez, Miguel Sánchez, José A. Sarmiento, Martín Suárez y J. Edmundo Villafañe. Su nuevo rol de cronista y miembro del Rotary Club, lo llevaran a una activa vida social, convirtiéndose al poco tiempo en presidente del Club. La prosperidad de sus negocios lo convierten en un hombre adinerado, situación que no le hace cambiar sus principios de sencillez y austeridad, conducta que la fue característica hasta su muerte. A partir de los años 1918-1920 comienza el interés de Don Martín por adquirir libros, uno de los primeros en obtener fue la colección de W. Walker Atkinson, celebra pensador americano cuya edición apareció en el año de 1914 y quién fuera en su época uno de los creadores de la llamada literatura estimulante del pensamiento, entre sus obras se encuentran: Las Leyes del Pensamiento, La fuerza de la inteligencia, Vivid como os digo, Lo que somos y lo que podemos, La clave de los negocios, los puntales del éxito, Conócete, Psicología del éxito y muchos libros que contribuirán a proporcionarle principios prácticos para la vida y la obtención de confianza, fe y seguridad, además de estas lecturas seguirá enriqueciendo su formación intelectual con lecturas sobre electricidad, construcción, mecánica, agricultura y apicultura, esta última lo llevó a industrializar la miel de abeja. (Tomado de: Libia Suárez López de Peñaloza. El amigo del pueblo. Ediciones del autor. San Cristóbal).

Porfirio Dávila Parra

porfirio_davilaNacido en Táriba, Táchira, 1969. Médico veterinario y promotor cultural. Presidente de la Fundación para las Artes, institución dedicada a la promoción y difusión artística en la ciudad de Rubio, Estado Táchira y colaborador de la Cátedra Abierta de Poesía de la Universidad Pedagógica Experimental Libertador, de la misma ciudad. Sus artículos y poemas han sido publicados en: El Impulso, Letras (UCV), Perfiles (UCLA), El Garapatoso (DCV-UCLA), Carmelo (DCV-UCLA), Hora 25 (LICARALA), La Eskina (Bucaramanga). En 1996 publicó su poemario “A través de la grieta”. En el año 2005, El Árbol Editores, le publica su poemario: “Espasmos de Adobe”. [Inicio]

Rafael Ángel Gómez Altuve

rafael_gomezEscritor. Educador, poeta, periodista y músico juniense. Se desempeñó como Secretario del Concejo Municipal. Fue promotor de la construcción de la Plaza Colón en la Urbanización Florencia (hoy barrio San Martín). Sus coplas decembrinas causaban furor dentro del colectivo rubiense y en especial dentro de las diversas aldeas que concurrían afanosas a la celebración de las misas de aguinaldo. Ejerció durante muchos años el periodismo. Desempeñó la dirección del Colegio “Los Andes”, a partir de 1959. Muere en Rubio.

Rafael Antonio Pineda

rafael_antonio_pinedaEn la pequeña ciudad de Rubio, llamada por los lugareños “Cinco Puentes”, nace el 16 de abril de 1888 don Rafael Antonio Pineda, quien sería con el devenir de los tiempos uno de los más insignes maestros de la población rubiense. Realiza sus estudios primarios en la Escuela Municipal de varones entre 1896-1902. En 1899 inicia sus estudios de piano con el señor Altuve, los cuales continúa con otro profesor hasta los 19 años. Para 1900, a la edad de once años en los espacios libres que le brindaban las vacaciones escolares inició sus cursos vacacionales, entre éstos efectuó estudios de talabartería, carpintería y zapatería. Años más tarde realiza estudios de sastrería, arte que dominó con gran profesionalización. Al terminar sus estudios de sexto grado se trasladó con su familia a San Cristóbal, en donde se empleó como vendedor y secretario de una Casa de Comercio, donde labora entre 1903-1904. Renuncia a dicho cargo y se emplea como secretario de la Casa Alemana Stenfort. A pesar de sus ocupaciones realiza estudios de bachillerato en un Instituto nocturno. Aproximadamente en 1908 regresa a Rubio y se emplea en la “Botica Alemana” como Secretario, Contador y Supervisor, bajo la dirección de don Alvaro Febres Cordero. Es posible, según informaciones de sus propios familiares que don Rafael finalizara sus estudios de bachillerato (1908-1912) en el Colegio “Sagrado Corazón de Jesús”, instituto este que brindaba instrucción secundaria en Rubio y que era dirigido por el pedagogo colombiano don Teodocio V. Sánchez. En el año de 1913 ingresa al Magisterio como maestro de aula, considerándose como uno de los fundadores de la Escuela Federal “Junín”. Es nombrado luego director de la misma, hasta que en el año de 1944 cuando solicita su jubilación. El 29 de diciembre de 1943, a la edad de 55 años el maestro Pineda contrae matrimonio en la iglesia de San José de Cúcuta, Departamento Norte de Santander, de la República de Colombia con la señorita María Verónica Santana. De esa unión nacerían sus hijos Carmen, Trina, Rosa y Rafael. A pesar de sus 31 años de labores en el magisterio juniense es jubilado por el Concejo Municipal con una asignación mísera, hecho que lo llevó a seguir laborando en la misma Escuela Junín en horario nocturno y en la Escuela de Prácticos Cafeteros de Bramón, en donde se desempeñó como Instructor de Matemáticas, Castellano y Literatura entre los años de 1945-1946. Se desempeña como docente en el Colegio “Nuestra Señora del Rosario”, como profesor de Comercio entre los años de 1955-1956 y durante varios años en el Colegio “María Inmaculada” (1946-1958), donde concluye con sus funciones docentes en el año de 1958. En 1937, es miembro directivo del Club Venezuela, siendo uno de los organizadores de los honores que se le tributaron a la memoria de Monseñor Justo Pastor Arias, cuando sus restos mortales son traídos desde la ciudad de Cúcuta para darles definitiva sepultura en la capilla de “San Pedro” del antiguo Hospital. Es designado el 30 de diciembre de 1939, miembro directivo de la Comisión Deportiva del Distrito Junín. Entre 1940-1943 ejerce el cargo de Bibliotecario del Club Venezuela. Ejerce el cargo de Secretario del Concejo Municipal entre los años de 1945-1946. A la caída de Medina Angarita es destituido de su cargo y ejerce durante año y medio en el Juzgado, y luego ingresa a la Escuela de Peritos de Bramón. En el año de 1960, ejerce funciones como Subsecretario en el Concejo Municipal, siéndole asignada una jubilación por el Presidente Dr. Argimiro Delgado, como una acción de reconocimiento general del pueblo rubiense por su meritoria labor en la instrucción municipal. Entre sus intereses particulares figuran los estudios particulares en las especialidades de Contabilidad Americana por correspondencia, e inglés en el Instituto Interamerican Schools (División Central de América del Sur, Plaza Bolívar, Caracas). Entre los reconocimientos que se le otorgaron en vida del maestro se encuentran el Decreto promulgado por la Cámara Municipal del año de 1953, bajo la Presidencia del Sr. Leonardo Alarcón donde se ordena la erección en la población de Cuquí de una escuela con el nombre del maestro Rafael Antonio Pineda, y el oficiado por el Dr. Argimiro Delgado Ch., Presidente del Concejo Municipal con fecha del 28 de Noviembre de 1963, en el cual se le participa nuevamente que se: “… acordó dar su nombre a la escuela Municipal que funciona en Montebello, Aldea Cuquí”, por sus meritorios servicios en pro del desarrollo educativo y cultural de Rubio. (A.C.M.J. Correspondencia. 28-11-1963) Su pasión por la literatura y especialmente por la poesía nace a temprana edad. Sus primeras publicaciones aparecen en los periódicos rubienses: “El Andino” y “El Aldeano”. A sus veinticinco años ya el poeta enarbolaba sus cánticos en el semanario “El Andino”, dirigido por don Manuel Antonio Cote con su soneto: ¡Allenta Luchador!
Don Rafael creía en la bondad del Creador, su vida la había orientado en servir a los demás, es por ello, que en carta a su hija Carmen del 5 de Noviembre de 1967, le indicaba: “No contamos sino con Dios quien en la excelsitud de su justicia quiere todo el bien para la humanidad. Por eso es por lo que el Ser Supremo corona a quien lo merece por sus virtudes”.
El 14 de octubre de 1970, muere a la edad de 82 años, don Rafael Antonio Pineda. Su muerte dejaba enlutado un honorable hogar rubiense, que a partir de ese momento dirigiría con noble entrega su esposa doña Verónica. La única fortuna que dejaba el maestro era la imperecedera obra de su vida docente y su ejemplo ciudadano consagrado al servicio del terruño en cuyos hijos sembró la fecunda semilla del saber. La muerte del maestro consternó a la generalidad de los habitantes por el inmenso cariño y respeto que se le tributaba a quien con su ejemplo y trabajo había formado las nuevas generaciones de rubienses. Don Diego Ramírez Sánchez, quien ejerció el cargo de Cronista de la población rubiense, y a quien le corresponde el mérito de haberse preocupado a lo largo de su vida en destacar la valiosa obra del maestro Pineda, en uno de sus escritos al hablar de su insigne maestro, con magistrales palabras describe la calidad humana de este noble varón de la educación rubiense: “Para quienes le conocimos RAFAEL ANTONIO PINEDA”, ha de ser siempre un símbolo de honestidad, de la honradez, de la lealtad, de la entrega total al servicio de una causa noble y en cumplimiento del mandato de «ENSEÑAR AL QUE NO SABE”. Honor a quien honor merece.

Rafael María Rosales

rafael_maria_rosalesNace en Rubio, el 13 de Diciembre de 1910. Estudio en la Escuela Federal Junín y en el Colegio «María lnmaculada». Escritor, periodista, poeta, historiador y novelista nativo de Rubio. Actividades Periodísticas: Director de «El Pillete» y «El Andino», «El Carapo», «La Estrella del Carapo», (Revista), en Rubio «El Liberal». «Acción Oficial» y «La Hora» en San Cristóbal redacta el «El Táchira Geográfico y Humano»; y miembro de la Comisión Editora del Boletín del Centro de Historia del Táchira y Director del Boletín del Rotary Club, San Cristóbal. Colaborador de la Prensa Nacional y de los Periódicos del Táchira. Publicó más de cuarenta obras fundamentales sobre el proceso histórico, político, cultural y folklórico del estado Táchira y en especial del Municipio Junín. Su obra es fundamental para la comprensión y valoración del patrimonio cultural del estado y del Municipio Junín. Nace en Rubio, en el barrio La Palmita. Es autor de una prolífica obra en la que se destacan los temas históricos, folklóricos y biográficos, y de creaciones literarias en el campo de la novela, cuento y poesía. Fue un amante de la vida y obra del Libertador. Entre sus obras destacan: “La ciudad Pontálida” (1944), “Rubio, la Ciudad del Pueblo” (1957), “La ciudad Iluminada” (1966), Crónica del Táchira, (1949). Reyes Vargas, paladín del Procerato Mestizo (1950). La Visión Errante (1951). La Senda Heroica (1955). Los Juegos Populares en el Edo. Táchira (1954). Marco Antonio Rivera Useche (1954). Rubio, la ciudad del Pueblo (1957). Documentos y descripciones de la Ciudad (1960). Bajo el Alegre Cielo (1961). Estampas de la Villa (1961). Caravana del Recuerdo (1961). Índice Biográfico de Músicos Tachirenses (1962). El Táchira en la Emancipación (1964). La Ciudad Iluminada (1966). Raíces Silenciosas (1966). La Virgen que alumbró una Historia (1967). La Tuquerena (1967). La patria Siempre (1969). Esta San Cristóbal (1971). Vigilia del Alba (1972). Imagen Cultural del Táchira (1973). Del Habla Popular (1974). Mensaje de la Petrolia (1975). Los Andes en la Historia de Colombia (1976). Nostalgia Viajera (1979). Sombra para una luz (1980). Cenizas en el agua (1980). Fue un acucioso investigador del campo folklórico del estado Táchira, ocupó el cargo de primer Cronista Oficial de la ciudad de San Cristóbal, dejó más de 40 obras publicadas y algunas inéditas. Ha sido miembro de los grupos Literarios Yunque y Signo, Director de la Peña Literaria “Luis López Méndez”. Miembro Fundador del Grupo Juan de Maldonado y miembro de la Asociación de Escritores Venezolanos. Fue individuo de Número del Centro de Historia del Táchira, Individuo Correspondiente por el Estado de la Academia Nacional de la Historia, de la Academia Venezolana de la Lengua, correspondiente de la Real Española, Academia Colombiana de Historia de Santander, Centro de Historia del Departamento Vargas, Centro de Historia del Estado Trujillo, fundador de la Peña Literaria Manuel Felipe Rugeles y del Grupo Literario El Parnasillo. Fue además, Presidente del Ateneo del Táchira, Salón de Lectura, Club de Leones, Rotary Club, Demócrata Sport Club, partido Liberal del Táchira, Asamblea Legislativa del Estado, Cámara de Comercio del Estado, Secretario de Gobierno del Estado. Diputado varias veces a la Asamblea Legislativa y Diputado al Congreso Nacional, Director de Hacienda, (Región Los Andes), Ministro Concejero para asuntos culturales en las embajadas de Venezuela, la Argentina, etc. Obtuvo, la primera Mención Honorifica, en el concurso Ensayo Biográfico sobre el Lago de Maracaibo, Premio Único en el Concurso histórico literario promovido por la Municipalidad en el 407 Aniversario de la Ciudad de San Cristóbal. Obtuvo el Primero y Segundo Premios en el Concurso Literario promovido por la III Feria Internacional de San Sebastián. Condecorado con la Medalla de honor al Mérito por la Casa de la Cultura de San Antonio del Táchira con la Orden Andrés Bello, (II Clase). Placa de Plata del Excmo. Ayuntamiento de la Ciudad de San Cristóbal de La Laguna, como Mantenedor de la Fiesta del Arte, en Septiembre de 1978 (Tenerife-España).

Tulio Chiossone

tulio_chiossoneNacido en Rubio. Escritor, Poeta, Historiador, Abogado, Penalista, Profesor en Liceos y Universidades. Académico de la Lengua, Presidente de la Cámara de Diputadas, Secretario de la Presiden­cia de la República en 1939, Ministro de Relaciones Interiores en 1941. Nace en Rubio, el 16 de Septiembre de 1905. Graduado de bachiller en Filosofía y Letras en el Liceo “Simón Bolívar» de San Cristóbal. Doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de los Andes, Director del Instituto de Ciencias Penales y Criminológicas de la U.C.V. Autor de más de 40 trabajos sobre Derecho, Legislación, Historia y Lengua. Es individuo de Número de la Academia de Ciencias Políticas y Sociales y de la Academia Venezolana de la Lengua. Entre sus obras más importantes se señalan: Anotaciones al Libro Primero del Código Penal. Delincuentes Infantiles, monografía. 1935. Anota-ciones al Código Penal Venezolano. (Tomos I y II). Organización Penitenciaria Venezolana. Monografía 1936. Temas Sociales Venezolanos. Estudios 1949. Anotaciones de Derecho Penitenciario 1954. Lo Transgresional en la Dinámica Jurídica. El Termino «Enfermedad Mental», en la Legislación Penal Venezolana. Monografía. Cania, Estudio Histórico Sociológico del Estado Táchira. La Villa. Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses, San Cristóbal, 1960. Historia del Táchira. Ediciones de la Presidencia de la República. 1981.

Tulio E. Hernández Cárdenas (Tulín)

tulio_hernandezSociólogo, ensayista y gerente cultural (San Cristóbal, 1955); Gerente de Comunicación Corporativa de la Empresa Voz y Visión de Venezuela (1989-1991); Director-Fundador del Centro de Investigación y Documentación de la Cinemateca Nacional (1991-1993); Presidente de Fundarte (1993-1995). Autor de los ensayos: Comunicación y Culturas Populares en América Latina (1987); “Venezuela 2.000: Desafíos y Opciones” (1980); “Pensar en Cine” (1991); “La violencia en Venezuela (1994). (Tomado de: Contreras Bautista, José Antonio. (1995). Junín, tierra Pionera y Promisoria. Ediciones de la Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses. Caracas). Ha sido profesor en la Universidad Central de Venezuela e Investigador del Instituto de Investigaciones de la Comunicación (Ininco) de esta última Universidad. Sus artículos y ensayos han sido publicados en libros y revistas especializadas. Paralelamente ha desarrollado una amplia actividad como compilador de libros y director de publicaciones coleccionables. Desde 1997 mantiene una columna en la edición dominical del diario El Nacional, empresa a la que le presta sus servicios como asesor en el área de productos especiales. En el año 2000 la Biblioteca de Autores y Temas tachirenses le publica su obra: “Celebración de estar vivos y otros escritos”.