De apodos y motes

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Etimológicamente la palabra “apodo” deriva del latín tardío “aputtare” que traduce: evaluar, comparar; de esta manera se define como el nombre que se da a una persona o cosa inspirado en algún defecto físico u otra característica o circunstancia.

Uno de los aspectos que motivan mis recuerdos del Rubio de los años 50 al 61 del siglo anterior es la costumbre de poner apodos, hecho que seguramente nacía de la necesidad de comunicarnos, relacionarnos y tratarnos diariamente, de acercamos y estrechar lazos que como universo pequeño nos unían. Aclaro en este punto y de manera responsable que este hecho cultural debe ser medido en su ambiente pequeño por lo cual se explica que cada comunidad tiene su significado propio y las coincidencias con otros lugares son sólo eso.

El fenómeno de los apodos forma parte del patrimonio etnográfico de todos por lo cual sería bastante revelador y esclarecedor llevar un registro y clasificación completo de ellos en nuestro ámbito local, labor que dejo para los especialistas. Entre tanto hago mi recopilación basada únicamente en mi memoria.

En cuanto a los motes hay una sutil diferencia, estos tienen un sentido peyorativo.

El ingenio, la rapidez mental, el humor Rubiense se patentizaban en las ruidosas salas de billar “Luz y Sombra”; en la esquina sur-oeste de la plaza Bolívar en las tres puertas siempre abiertas de “El Bar Tropical”; tal vez en la esquina del “Bar Caracas” en la esquina de la avenida 12 con calle 12. Quizá en la subida engranzonada del Liceo o tal vez en alguna noche de juego de básquet en la cancha del Colegio “María Inmaculada”; lo cierto es que en Rubio había apodos y bastantes.

El origen gracias a una anécdota paterna dejó como herencia el apodo “Mojao’” a un destacado deportista; llamar “Cristo e’ yuca” a un joven magro y de piel muy blanca apodo que se hizo extensivo hasta sus hermanas menores era muy llamativo.

Aquí una muestra muy general recordada de manera aleatoria: El padre “Tatucas”; “Care’ chocato” ; “Chupa Mechas”; “Burro Negro”; ” “Chupa-chupa”; “Pichirilo”; “Mantequillo”; “Cara e’ pañal”; “El Lámparo”; “Cabezae’ Piña”; “El Tierno”; “Patae’ Locha”; “Patae’ chicle”; “Trapos Negros”; “Tácita” ; “Barbuchas”; “King Kong”; ” Múcura”; “Pollo Hermoso”; “Paso Fino”; “Don Limpio” ; “Trifulca”; Carae’ vaca”; Carae’ Loca”; “Sancocho”; “Rana”; ” Caín”; “Remolacho”; “Piel Roja”; “Buche e’ mico”; “Buche e’ Perica”; “Quiririjo”; “Cara Sucia”; “Delemijo”; “Carae’ tusa”; “El Doctor Nagüitas” ; “Torómbolo” ; “El Paisa”; “Caimán”.

Hubo sobrenombres para grupos familiares enteros como : “Las Doble Feas”; “Los Carae’ Conjunto”; ” Las Inocentes”; “Las Watusi” ; “Las Blanditas”; “Las Ratonas”; “Las Claritas”; “Las Moteras” un grupo de agraciadas jóvenes que usaban excesiva cantidad de polvo facial.

Algunas damas fueron objeto de apodos como: “La Lámpara”, “La Zapatilla “; “La Zarzamora” la recuerdo , una chica rolliza de origen español que impresionó al Liceo con su hablar castizo y su desenfado al mejor estilo de Lola Flores; “La loca cinco minutos” ; “La Rusa”; “La Pechuga”; “La Americana”; “La Panadera” ; “La paper ruler”; “La Taquillera”; “La Bambi”; “Piojo Loco”. “La Menudita”; “La Jabonera”; “La Escalera”; “La Palmerra”; “La mula ‘el Gobierno” ; “La cara e’ candao’ “; Recuerdo especial para unas chicas , la primera alta, blanca de cabello rubio rizado , la llamaban : “El Ángel” por su extraordinario parecido con los ángeles de los pintores del Renacimiento; la segunda “Batman” un hermosa y elegante enfermera que iba y venía del hospital con su capa de reglamento en azul-grana puesta para protegerse de las brisas frías con fragancia a rocío matinal.

En este colorido paseo por los apodos Rubienses no puede quedar por fuera el inefable “Cascarita” gran amigo, bailador como ninguno , su apodo se debía al extraordinario parecido con el boxeador famoso para la época. Igualmente al barbero Víctor Losada , hijo , lo llamaban “Cocaína” por su parecido físico con otro boxeador.

“El Policia”; “Pasticho”; “Canuto”; “Escaparate”; “Escopeta” ; “Guacharaco” ; “Sandunga”; “Perronón”; “El Pájaro”; “Güele Güele”; “El Rayo”; “El Polvorero”; “Quincha”; “Manguera”: “El Mocho”; “Nariz de tetero” ; “Espinita”; “Cochocho” ; “El Cachamoso”; “Kennedy” ; “Arroz Seco”; “Capullito” ; “Carta Brava”; “Don Gervasio” ; afectos cercanos, familia y compañeros de estudio.

Este ejercicio de memoria me lleva a una época de Rubio caracterizada por la jovialidad y lo afable de su gente; mis visitas a la “Ciudad de los puentes y el café sabroso” han sido desde hace tiempo más que eventuales y de corta duración lo cual me ha impedido constatar si esa costumbre pervive en las nuevas generaciones y si ha logrado emparentarse con los avances tecnológicos de las redes sociales. De no ser así, espero homenajear a los coterráneos mencionados, con el debido respeto, y contribuir de alguna manera a mantener viva la llama del gentilicio en los jóvenes Rubienses.

Por: José F. Delgado Arauz
Maracaibo 30 de junio de 2018.

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