Día Mundial de la Capa de Ozono (Cont.)

Para Ecologistas en Acción, los HCFCs fueron desarrollados por la industria de los CFCs como sustitutos de los mismos cuando se hizo evidente el efecto destructor del ozono de estos últimos. Los HCFCs también destruyen la capa de ozono, aunque menos que los CFCs, y contribuyen al calentamiento terrestre, por lo que no son buenos sustitutos de los CFCs. Debido a ello, la última enmienda del protocolo de Montreal, acordada hace dos años en Montreal, prevé el fin del consumo de HCFCs de nueva producción para 2015 en los países desarrollados, y la eliminación en todo el mundo de la producción para 2040. La razón de estos plazos tan largos para la eliminación de unas sustancias probadamente nocivas no es otra que las presiones de la industria química, que quiere recuperar las inversiones ya realizadas o planeadas para fabricar HCFCs. La industria arguye la inexistencia de sustitutos válidos para ciertos usos de los HCFCs, pero esto no es cierto en la mayoría de los casos, donde existen ya o podrían desarrollarse en pocos años sustitutos adecuados.

El beneficio privado de unas pocas multinacionales ha conseguido, por el momento, prevalecer sobre la protección de la salud pública, que ya está siendo afectada por la desaparición del ozono protector de la estratosfera.

La historia del BrMe es bastante similar. El BrMe es un biocida de amplio espectro, usado principalmente en agricultura (en cultivos hortícolas, en especial fresa y tomate). Ya ha sido prohibido en algunos países, como Holanda y Dinamarca, no solo por su capacidad de destruir la capa de ozono, sino por su carácter contaminante del agua. El uso agrícola del BrMe puede sustituirse por técnicas mucho menos impactantes (solarización, control biológico de plagas, rotaciones de cultivos, abonado orgánico, etc). Para Ecologistas en Acción el agricultor debería considerar que la desaparición del ozono tiene un efecto perjudicial sobre los cultivos, y no debería sacrificar la producción futura por usar un método de control de plagas como el BrMe, efectivo a corto plazo.

Según la enmienda de Montreal (1997), el uso y producción de BrMe debe terminar en los países desarrollados en 2005 y en los países “en vías de desarrollo” en 2015 (con posibles excepciones para “usos esenciales”). La industria del BrMe ha luchado y lucha denodadamente por retrasar el final del uso de esta sustancia, presentándose como defensora de los agricultores y de los países pobres. Una iniciativa de la Comisión Europea para adelantar la prohibición del BrMe a 2001 no ha salido adelante, por presiones de países como España, fiel defensora de los intereses de los bromuradores. La agricultura española es una consumidora importante de este compuesto, ocupando el segundo lugar en la UE tras Italia (unas 4.000 toneladas en 1995, es decir, del orden de un 5% del total mundial); casi la mitad de ellas se usan en Huelva (fresón) y Murcia (pimiento).

La investigación científica ha puesto de manifiesto que cuanto mas se tarde en prohibir el uso de los HCFCs y del BrMe, mas tiempo tardará en repararse la capa de ozono, y durante mas tiempo estarán los seres vivos expuestos a un aumento de las radiaciones ultravioletas, con los consiguientes efectos negativos. Además, recientes investigaciones sugieren que el aumento de emisiones de gases de invernadero está influyendo también indirectamente en la destrucción del ozono estratosférico, agravando la pérdida de éste y retrasando su recuperación”.