José Tomás Boves (Cont.)

jose-tomas-bovesA fines de 1813 Bolívar estaba cercado por las fuerzas españolas; aunque derrotados sus jefes principales, los realistas comenzaban a reorganizarse y a tomar posiciones. Cajigal se encontraba en Guayana, Ceballos en Coro, Salomón en Puerto Cabello, Yáñez en Apure y Boves en el Orinoco. Este último comenzó la ofensiva y avanzó hacia Calabozo, mientras Yáñez tomaba a Barinas. Yáñez fue derrotado por Urdaneta en Ospino en febrero de 1814. En esta batalla murió Yáñez.

Pero el mayor peligro amenazaba en los llanos, donde el español José Tomás Boves, convertido en caudillo de los llaneros, había organizado un poderoso ejército y avanzaba hacia los valles de Aragua. Campo Elías, español al servicio de la República, lo derrotó en Mosquitero, a mediados de noviembre de 1813; pero Boves se repuso y volvió al ataque, derrotando al propio Campo Elías en La Puerta y atacando a los patriotas en San Mateo. El 20 de febrero de 1814 ataca Boves a Bolívar en San Mateo; durante varios días se suceden las ofensivas; los días 28 de febrero y 24 de marzo hay batallas. Mueren dos patriotas: Villapol y Ricaurte. Este último se sacrifica al incendiar el parque de municiones para evitar que cayera en manos enemigas.

El general Mariño quien llegó con refuerzos desde Oriente se enfrentó a Boves en Bocachica. En Bocachica Mariño derrota a Boves el 31 de marzo. Boves huye hacia Calabozo y Bolívar sale a perseguirlo.

Después del encuentro, Boves se retiró a Valencia y Mariño a La Victoria. Entre tanto, Ceballos había puesto sitio a Valencia, defendida por Urdaneta. Bolívar llegó con refuerzos y Ceballos levantó el sitio y fue a unirse a las tropas de Juan Manuel Cajigal. Poco después, Cajigal y Ceballos intentaron un nuevo ataque sobre Valencia; pero fueron derrotados por Bolívar en Carabobo, el 28 de mayo de 1814.

Repuesto Boves después de Bocachica, avanzó con sus tropas en un nuevo intento que vino a significar la derrota de los patriotas en esta segunda etapa de la vida de la República. Boves derrotó a Bolívar y a Mariño en La Puerta, y entró a los valles de Aragua. Puso sitio a Valencia, y no pudiendo tomarla, propuso un tratado al jefe patriota que defendía la plaza, Juan Escalona, jurando cumplir religiosamente con las estipulaciones convenidas. Confiados en las promesas de Boves, los defensores entregaron la plaza; pero el jefe español no cumplió su palabra y ordenó pasar por las armas a todos los defensores.

Después de La Puerta, Boves quedó dueño de los valles de Aragua y avanzó con sus tropas sobre Caracas. Bolívar, Mariño, Ribas y otros jefes se retiraron a Oriente con la esperanza de rehacer sus fuerzas y repeler al enemigo. La retirada de estas tropas fue seguida por la emigración de gran parte de la población de la ciudad, que huía del terror del jefe español.

Boves ocupó Caracas y organizó un nuevo gobierno realista. Desconoció a Cajigal que había sido designado Capitán General de Venezuela por las autoridades metropolitanas, y asumió el mando con el título de “‘Comandante General del Ejército Español”. Destacó a Morales en persecución de los patriotas que huían a Oriente, y poco después él mismo se puso al frente de las operaciones. En Aragua de Barcelona, Cumaná y Urica, los republicanos intentaron inútilmente resistir a las tropas de Boves y Morales. Boves en Urica, de Barcelona, derrota a Ribas y a Bermúdez el 5 de diciembre de 1814. Pero en la batalla muere Boves.

El historiador realista Heredia, relata lo siguiente:

«En la noche siguiente a su entrada a Valencia (10 de julio), Boves reunió todas las mujeres en un sarao, y, entre tanto, hizo recoger los hombres, que había tomado precauciones para que no se escaparan, y sacándolos fuera de la población los alanceaba como toros sin auxilio espiritual. Solamente el doctor Espejo (Gobernador político) logró la distinción de ser fusilado y tener tiempo para confesarse. Las damas del baile se bebían las lágrimas y temblaban al oír las pisadas de las partidas de caballería, temiendo lo que sucedió, mientras que Boves con un látigo en la mano les hacía danzar el Piquirico y otros sonecitos de la tierra a que era muy aficionado, sin que la molicie que ellos inspiran fuese capaz de ablandar aquel corazón de hierro. Duró la matanza algunas noches. »