El Cajón de las Ánimas

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Ataúd
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Aquí está el pueblo del silencio oscuro, de las noches sin gloria, las calles por donde la procesión fúnebre acompañaban a los muertos, cargados de miseria y negras pobrezas rumbo al Campo Santo.

En el pajón de madera donado por Don Eugenio Urbina, dueño de la Funeraria “La Vencedora”, ubicada en la esquina del Clavel Rojo de la Palmita (hoy Cancha Techada), todos los días de cada semana, lo caleteros Teléfono, Caraquita, Huevo Frito, El Sol, Gregorio el Poeta, El Maracucho, y la Tuerta Rosa cargaban el cadáver en el “Cajón de las Ánimas”. El recorrido a pie eran 20 cuadras, desde el cuarto del olvido del Hospital Padre Justo en la Victoria hasta el cementerio en la Palmita.

Hacían parada obligada en los Corredores, donde se encontraban las guaraperías; descansaban y libaban el guarapo en chícara especialmente el conocido como “tres puntá”, el más fuerte de la región. A veces era tan grande la borrachera que se les olvidaba el muerto, se quedaban dormidos, otras veces no se podían sostener y al levantare! cajón, el cadáver se les salía; de inmediato el más cuerdo traía cal y rociaba el cajón y al muerto, finalmente llegaban a la necrópolis lo tiraban en e! hueco, y decían, “este condenado pesaba más que el de ayer”.

Regresaban con la urna a la Comandancia de Policía, donde el Capitán Gonzalo Aldana, Alcalde de la Ciudad les pagaba un real a cada uno. Dicho trajinar diario duro hasta 1959, cuando Polo Nieto, fue contratado para llevar los muertos en la camioneta que sirvió durante mucho tiempo a la Policía como patrulla, conocida popularmente como “La Lora”. Más tarde el Señor Ely Ponce, propietario de la Funeraria Santa Bárbara, donó al Municipio una urna metálica que también sirvió para cargar muchos cadáveres. En 1970, el comerciante Enrique Corona montó la Funeraria El Descanso Eterno, quien comenzó a realizar los trabajos funerarios a bajo precio. La Alcaldía, ayuda con los gastos del sepelio a muchas familias pobres.

Esta es la triste historia del Cajón de las ánimas de Rubio. Muchas personas de Pueblo Viejo a medianoche observaban y oyen el pasar de las ánimas rezando el Santo Rosario.

Fuente: Gonzalo Fuentes Lacruz: «Rubio, ayer y hoy»

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