El primer vuelo a los Andes venezolanos

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Primer vuelo en Venezuela, Frank Boland, 29 de septiembre de 1912
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El domingo 29 de septiembre de 1912, el piloto Frank Boland, en compañía de Charles Hoeflich y su representante, Fred Sniffen, quienes venían provenientes de los Estados Unidos, contratados por una empresa venezolana, denominada “Comité de Aviación”, ejecutan el primer vuelo de un aeroplano en Venezuela.

A bordo del biplano bautizado “Sin Cola” despega del Hipódromo de El Paraíso bajo la mirada atónita y los gritos de un sinnúmero de espectadores que se dieron cita para tan magno evento. El acto fue presidido por el general Juan Vicente Gómez y animado por la Banda Marcial dirigida por el maestro Pedro Elías Gutiérrez. El vuelo duró unos treinta minutos, que bastaron para contagiar a todos los presentes de ese deseo generalizado de surcar los cielos imitando a las aves.

Transcurre el tiempo y se incrementa la pasión por la aviación; en 1920 arriba a Venezuela el teniente italiano Cosme Rannella, y realiza sus dos primeros vuelos en su avión caza Hanriot HD1, aumenta la euforia por la aviación, se escriben poemas, se convierte en tema cotidiano; Rannella continúa causando asombro con sus ensayos acrobáticos (Loopings, toneles, barrenas y pasajes rasantes), un gran entusiasmo y admiración embarga al general Gómez y luego de observar estas hazañas expresó: “Venezuela tiene que tener su aviación y será grande nuestro orgullo cuando vean a los venezolanos realizar estas proezas”.

El 17 de abril de 1920 se decreta la creación de la Escuela de Aviación Militar de Venezuela. Dos meses después, el 21 de junio, el Congreso de la República promulga la Ley de Aviación, dando inicio al desarrollo de nuestra Aviación Militar Civil y la de Servicio Postal Aéreo.

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Frank Boland

Llegan a Venezuela sus primero aviones, los Caudron G3 de fabricación francesa. Se instala la Escuela de Aviación Militar, 10 de diciembre de 1920, el subteniente Francisco Leonardi es el primero en volar como alumno piloto bajo la dirección del capitán Robert Petit. Formalizan su inscrpción como alumnos pilotos los subtenientes Manuel Ríos, Prisco Heuer Lares, Miguel Rodríguez y Vicente Landaeta, entre otros. El 14 de abril de 1921, el piloto venezolano Manuel Ríos realiza el histórico primer vuelo solo en un Caudron G3.

Posteriormente llegan los hidroaviones; ocurren algunos accidentes que opacan el desempeño de los jóvenes pilotos. La misión francesa termina su contrato en 1923, y los pilotos venezolanos ya graduados asumen el entrenamiento.

Se presentan altibajos, peligra la escuela, llegan nuevos aviones de Francia; llegan dos famosos aviadores: Costes y Lebrix, el 29 de enero de 1928 aterriza en suelo venezolano el coronel Charles Lindbergh con sus famoso “Spitit of Sant Louis”. Europa y los Estados Unidos se interesan en incluir a Venezuela dentro de sus rutas internacionales. Pan American realiza su primer vuelo en un avión Sikorsky S-38, piloteado por el coronel Charles Lindbergh, 26 de septiembre de 1929.

A principios de 1930, Florencio Gómez Núñez, pionero y principal promotor de Aviación Militar y Civil en Venezuela, pensó en la posibilidad de ampliar la cobertura del espacio aéreo venezolano.

La aviación estaba concentrada en Maracay; los aviones Hanriot HD1 y los Cuadron G3 y C60 habían surcado considerablemente los cielos del centro del país. No se había volado los Andes, sus grandes montañas, sus picos, su constante neblina y su frío inclemente, eran un reto que se debía consolidar. Para aquella época ya se encontraban en Maracay los aviones Breguett-19, de fabricación francesa: estos aviones eran de características distintas a los anteriores; podían volar a mucho más altura y por mucho más tiempo, por lo que estaban equipados con máscaras de oxígeno y otros instrumentos adicionales. Los pilotos debían ir provistos de chaquetas de cuero forradas en lana y estaban equipadas con conexiones eléctricas; de igual manera usaban botas, guantes y gorros del mismo material, además contaban con lentes para efectos del viento.

Para ese entonces se encontraba en Maracay un afamado piloto mecánico e instructor francés, el capitán Gaston Lafannechere. Se le plantea la posibilidad de efectuar este histórico vuelo, lo cual acoge con gran entusiasmo y pone todo su empeño en su realización. Se traza la ruta, se escogen los niveles de vuelo, se calcula el tiempo de recorrido y la cantidad de combustible a utilizar. Dentro de los veteranos pilotos venezolanos se escoge a los mejores: los capitanes Manuel Ríos, Antonio Villegas y Vicente Landaeta Gil. Como nota aparte, este último, el 4 de febrero de 1931, a bordo de un avión FERMAN 190, en un vuelo de Maracay a Barquisimeto, se estrella, donde perece, dando lugar así al primer accidente mortal que registra la historia de la Aviación en Venezuela.

Ya todo está listo para el histórico vuelo, el capitán Lafannechere fungiría como líder de la escuadrilla junto con Vicente Landaeta, en los otros dos aviones irían Manuel Ríos y Villegas, acompañados de los mecánicos.

La escuadrilla sale de Maracay a las 06:00 en punto de una apacible mañana, luego de un coordinado despegue, asciende lentamente con rumbo hacia Valencia; bordeando el lago junto a esta; continúan a San Carlos y luego Acarigua, Guanare, para enrumbar hacia Barinas, siempre con la cordillera a su derecha, la cual se va haciendo cada vez más elevada. Pasada Barinas, comienza un prolongado ascenso hasta obtener los 6.000 metros de altitud (19.700 pies aprox.), a lo lejos se divisa el majestuoso pico Bolívar cubierto de nieve, se aproximan lentamente y ya sobra él, descienden a 5.500 metros (18.000 pies aprox.) y lo circundan por tres veces, lo cual les causa una euforia inmensa y un legítimo orgullo, al desafiar con su pericia y valor la inclemencia de las bajas temperaturas y el rozar sus desafiantes riscos y contemplar sus apacibles glaciales. Es de hacer que los pilotos, por la característica de estos aviones, llevaban la mitad de su cuerpo a la intemperie, ya que carecían de cabinas cubiertas.

Descienden un poco y sobrevuelan Mérida, luego serpenteando el blanquecino río Chama llegan a Tovar, dejando a su izquierda el páramo del Batallón, sobrevuelan La Grita y continúan rumbo a El Cobre; frente a él tiene el páramo El Zumbador, buscan el cauce del río Torbes, pasan a Cordero, continúan a Táriba, hasta sorprenderse con el majestuoso Valle de Santiago, en el cual se alberga la apacible urbe de San Cristóbal. Circundan por unos minutos la ciudad bajo una multitud bulliciosa que agita las manos y pañuelos en señal de salutación a los intrépidos aeronautas; descienden un poco sobre El Corozo y ponen rumbo a Rubio y de allí por el valle llegan a San Antonio, bordeando el río Táchira; continúan hacia tierra plana, donde hoy se encuentra La Fría y ponen rumbo a Maracaibo, sobrevolando su lago para luego proseguir de nuevo a Valencia y de allí a Maracay.

La escuadrilla llegó sin novedad a su base de origen; todo el recorrido fue radiotelegrafiado desde las distintas ciudades, quienes daban fe a su paso por ellas. Regresaron exactamente a las 3:30 de la tarde y allí, en los hangares del viejo aeródromo de Maracay, fueron recibidos con un caluroso abrazo del general Juan Vicente Gómez, quien junto a su hijo Florencio daba la bienvenida a los valerosos pilotos, quienes así dieron lugar al primer vuelo a los Andes venezolanos.

Fuente: anacion.com.ve

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