“Hasta que me alcance la vida”

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Betty Meza
Veinte años transmitiendo sus conocimientos /Foto: Norma Pérez
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A pesar de la precaria situación por la que atraviesan los maestros, María Betty Meza prosigue incansable en su labor de enseñar

María Betty Meza Vidal es maestra desde hace dos décadas. Padece cada día las circunstancias adversas que rodean su profesión. Los bajos salarios que no le permiten a ella ni a sus colegas una mejor calidad de vida, las sillas vacías que observa en las aulas porque los representantes de sus alumnos no pueden pagar el uniforme, los útiles o un pasaje.

Aun así, intacta, prevalece en ella la vocación que la condujo a ser educadora. Enseñar, es parte fundamental de su existir.

“Ser maestra nace del corazón; es un orgullo poder transmitir nuestros conocimientos a quienes comienzan su aprendizaje. Enseñaré hasta que Dios lo disponga. Hasta que me alcance la vida”.

Una suplencia en la escuela Pablo Emilio Ostos, la vinculó al ámbito educativo antes de culminar sus estudios en el Instituto Pedagógico Rural “Gervasio Rubio”, Upel. Se encargó de asignatura educación para el trabajo y por su buen desempeño, permaneció en la institución por un periodo de diez años.

“Siempre me ha gustado hacer manualidades; mi papá, Pablo Meza Sánchez, fue un artesano destacado. Cuando se jubiló comenzó a elaborar carritos en madera y balcones, que eran muy cotizados dentro y fuera de Venezuela. Mi hermana, Marlene, es profesora en la Escuela de Labores, ella me enseñó diferentes técnicas”.

Después fue trasladada a Delicias, a la escuela del sector Palma de Oso, en el municipio Rafael Urdaneta:

“En Delicias, primero fui maestra de aula y tiempo después dicté la asignatura “Manos a la Siembra”. Yo enseñaba a los niños, pero de ellos aprendí muchos aspectos para el manejo de la tierra. Una etapa enriquecedora”.

A su retorno al municipio Junín, se incorpora a la unidad educativa Estado Mérida, donde aún permanece. En un primer periodo trabajó como maestra de aula, para después asumir el área de cultura, lo que combina con las clases de artes manuales.

“En mis clases enseño a los niños a utilizar diversos materiales, a aprovechar lo que se puede reciclar. Aprenden a elaborar artículos artesanales con lo que tienen en sus casas y generalmente se desecha”.

Las carteleras que adornan los pasillos de la escuela son obra suya. Ahí pone de manifiesto su creatividad, en la combinación de colores y materiales hasta obtener un óptimo resultado. También, se encarga de organizar las actividades de carnaval, aniversario, diciembre, Siempre con el interés de preservar las tradiciones.

Betty MezaEl contexto

“Hoy en día los cambios que han afectado al país inciden en el buen desarrollo del proceso educativo. Hay niños que no pueden asistir a clases porque sus representantes no tienen cómo costear el pasaje, o comprar los útiles escolares. Algunos están con sus abuelos, porque los padres se fueron del país y no los pueden llevar todos los días porque están enfermos”.

El contacto diario le permite percibir que existe una acentuada deserción en las escuelas: “la matrícula actual oscila entre quince y veinte alumnos por sección. Durante la pandemia se redujo a ocho, máximo doce; también influyó la emigración. En mis primeros años, las secciones eran de 42 alumnos, con el tiempo comenzaron a descender poco a poco. Este año hubo un pequeño repunte”.

Considera, que en parte, esto se debe a que hay una gran desmotivación que afecta a los padres y a los jóvenes.

“Existe mucha apatía y desencanto tanto en padres como en los muchachos. Muchos piensan que estudiar una profesión no es rentable, pues las condiciones laborales no les permiten vislumbrar un futuro promisorio”.

Con respecto al panorama para el personal docente, piensa que es incierto y complejo.

“La situación de los docentes es muy difícil. Hay profesores que son padres o madres y el sueldo no les alcanza para cubrir los gastos básicos como pagar un alquiler o hacer mercado. Hay colegas con varios hijos que no tienen para comer. Otros limitan su alimentación a lo mínimo. Todo ha cambiado, y es un escenario que nos desmoraliza.

Comenta que algunos deben fiar sus alimentos en una bodega y cuando reciben la quincena todo se va en pagar la cuenta.

“Es una lucha continua que en ocasiones nos hace flaquear. Esto repercute en la vocación de los maestros. Tal vez por las circunstancias que rodean al país, pero anteriormente había mayor vinculación con los alumnos, más empatía”.

Hay maestros que debieron buscar otro trabajo en su tiempo libre para subsistir: “muchos realizan oficios como limpiar, arreglar jardines, pintar, porque no les queda otra alternativa. Los que deben ayudar a sus padres enfermos, o que viven lejos de la escuela y deben costear su pasaje y el de sus hijos”.

Refiere que en reiteradas ocasiones, han hecho peticiones en busca de que mejoren las condiciones laborales.

“Con lo que recibimos es muy difícil trabajar al máximo. Son montos ínfimos los que percibimos que no cubren lo indispensable, como fue el caso del bono hallaquero, nos depositaron doce bolívares”.

Los recuerdos

Para la profesora Meza Vidal, interactuar con sus alumnos es una experiencia muy grata, que llena su vida de anécdotas y recuerdos.

“Años después consigo a quienes fueron mis estudiantes de primaria, ya profesionales y me dicen “profesora, gracias a usted aprendí a pegar un botón y a coser. Sé porque usted me enseñó”. Para mí es algo muy bonito haberles inculcado algo que les sirva para toda la vida”.

También habla con satisfacción, que por su salón de clase han pasado padres e hijos: “Muchas madres que fueron mis alumnas, ahora son representantes porque traen a sus hijos a la misma escuela donde se formaron”.

Recuerda con particular emoción, cuando organizó y celebró los quince años de una estudiante con condición especial, proveniente de una familia de bajos recursos.

“Era alumna de quinto grado en la escuela Pablo Emilio Ostos y quería festejar su cumpleaños. Una profesora le hizo el vestido, otra donó los pasapalos, una representante le obsequió los zapatos, mi cuñada le preparó la torta. Hicimos una gran fiesta, con música, decoración, regalos; todos colaboraron y fue muy hermoso cumplir el sueño de esta niña”. Es algo que se quedó grabado en su corazón para siempre.

Su consejo para las nuevas generaciones de maestros:

“Trabajen con amor. Sé que la situación es grave, que nos afecta a todos por igual, pero nos debemos a nuestros alumnos. Ellos no son culpables de lo que sucede en el país y necesitan superarse, para mañana ser profesionales. Hoy en día los niños necesitan cariño, porque lo han perdido en sus hogares, por muchas razones, entre ellas la división de las familias ante la necesidad de partir a otras latitudes en busca de oportunidades para sobrevivir”.

En sus planes no está retirarse de los salones de clase. Quiere continuar a pesar de la precariedad, superar los obstáculos y estar junto a sus estudiantes.

Si volviera a nacer, María Betty Meza volvería a ser maestra de primaria.

Fuente: lanacionweb.com

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