Hermes y las tres cruces de Capote

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“En el año de 1929 tres años después de haberle dado salida a Rubio por carretera, el tráfico entre esta ciudad y Cúcuta era bastante intenso. Una tarde que regresaba el autobús se detuvo en el Pinar del Río; traía unos catorce pasajeros. A la vera del camino se hallaban parados tres trabajadores, el grupo animado de los pasajeros les preguntaron para dónde iban, contestando que hacia Chinácota a buscar trabajo. Les insinuaron los pasajeros que vinieran al Distrito Junín que había mucho trabajo para ellos; vacilaron mucho, pero al fin resolvieron venirse a Rubio. Los tres hombres no tenían ninguna clase de papeles de identificación, ni el chofer les tomó ni siquiera el nombre, pues para aquella época la gente viajaba sin papeles no implicando falta alguna.

Llegando al Jericó el carro sufrió una volcada tremenda, resultaron heridos casi todos los de Rubio, uno más otro menos, pero los tres trabajadores desconocidos murieron en el accidente casi al momento.

En aquel punto la carretera forma media elipse subiendo por la parte que se volcaron era imposible sacar el carro y las victimas, teniendo que hacerlo por el otro extremo; punto muy importante para esta narración.

Hermes es un ciudadano de Rubio que respeta mucho a los misterios de ultratumba y cree mucho en las ánimas. Viniendo un año después de Cúcuta muy tarde ya, se encontró con que en San Antonio no había carros para Rubio, pero un compadre le ofreció su automóvil prestado que Hermes aceptó viniéndose solo manejándolo, sin ningún contratiempo hasta llegar al punto por donde fueron sacados los cadáveres, donde el motor se le apagó siendo vanos todos los esfuerzos que hizo por volverlo a prender; ya muy cansado, atravesó unos palos en la carretera para que alguien que viniera parara y lo auxiliara; se metió dentro del auto, se dispuso a cambiarse la ropa interior que llevaba muy sudada por el esfuerzo hecho; estando en esta ocupación notó que venían carretera abajo y un perro ladrando y bien atrás tres sombras bien definidas, que semejaban obreros de la carretera; animado los llamó; Silencio… éstos continuaron su camino sordos a su llamada… mientras tanto el perro corría adelante huyendo y ladrando.

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