Hortensia Quintero “Seguiré hasta cuando las fuerzas me ayuden”

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A muchos pudiera parecerle que Hortensia Quintero se inició en el teatro tarde. Tenía 49 años de edad cuando lo conoció y decidió dedicarse a él, pero quizá era el momento preciso. Sus hijos habían crecido y eran independientes, se acababa de jubilar como educadora y tenía el tiempo necesario para dedicarse a una actividad que lo demanda; así como la perseverancia y la pasión que caracterizan a esta mujer de 75 años que luego de casi 30 años sobre las tablas sigue viajando a diario desde Rubio para cumplir con sus ensayos y presentaciones, e incluso viajando fuera del estado con este objetivo. Está próxima a iniciar sus estudios para obtener la Licenciatura en Teatro mención Actuación, y piensa seguir hasta cuando las fuerzas la ayuden.

¿Cuándo empezó a hacer teatro?

Tengo 27 años haciendo teatro, tuve mis inicios en los años 90, después de haberme jubilado como profesora. No sabía qué hacer con ese tiempo libre que me sobraba, entonces empecé a hacer cursos de todo tipo, entre esos, llegó a Rubio una vez un actor que venía del grupo Rajatabla, Benigno Acuña, y asistí al taller, me gustó y me fui enganchando. Después consigo en mi camino a la profesora Margarita Stornelli, quien también dictó un taller al cual asistí. Después vino un actor egresado de la escuela Juana Sujo de Caracas, Ramón La Cruz, oriundo del estado Mérida, La Azulita. El trabajo fue largo, hicimos un taller de casi un año y fue quien terminó enamorándome del teatro. Hicimos una puesta en escena: Una medalla para las Conejitas, que nos llevó 6 meses, todos éramos novatos y la obra es muy completa y requería mucha formación

Fue esa su primera participación en una obra de teatro?

No, antes de eso había participado ya en una obra sin haber pertenecido a alguna escuela, ni saber de teatro, Hola Público, de Levis Russell. Luego Ramón se fue y quedamos acéfalos; entonces apareció un aviso de la compañía regional de teatro ofreciendo talleres y yo me presenté. Ahí estuve más de dos años. Tuve un gran maestro, a Ciro Villamizar, y también a Horacio Rosales.

La primera obra que montamos fue Barro para el último responso, una obra de Omar Flores que fue todo un aprendizaje; además que obtuvimos grandes logros con presentaciones en varios festivales.

Luego de 27 años de trayectoria, ¿sabe usted en cuántas obras de teatro ha participado?

Pues no las tengo todas enumeradas, pero sí creo haber trabajado en más de 50 montajes.

¿Guarda especial recuerdo de algunas obras de teatro, o para usted todas son iguales?

No, hay obras que han pasado sin pena ni gloria, diría yo, porque quizá no estaban maduras en el momento que se presentaron; quizá necesitaron más trabajo; apresuramos quizá el estreno; entonces son obras que le dejan a uno un sinsabor en la boca. Pero sí hay obras que me marcaron mucho como Barro para el último responso, Una medalla para las conejitas, y Manuelita Sáenz, una obra con la que me gané ciertos méritos; y la más fuerte, Ni con el pétalo de una rosa, creo que esa fue una de las obras más emblemáticas que he montado, porque tiene que ver con la vida de una maestra, y yo fui maestra por 44 años.

¿De qué depende el éxito de una obra; del actor, del director, o es un trabajo de equipo?

Es un trabajo de equipo, usted lo ha dicho. El director es una de las piezas más importantes en el montaje de una obra porque tiene la capacidad de visualizar la obra en el conjunto. Desde el mismo momento que empieza a leerla, él tiene una visión general de la pieza y vislumbra cómo va a montarla, cómo va a mover a sus actores; pero claro, del actor también depende muchísimo. Depende de su disciplina, de su capacidad de adaptarse a los requerimientos del personaje, porque es dejar de ser uno para darle cabida a otro ser imaginario, que es quien debe verse en el escenario.

¿Y es más fácil cuando el actor se identifica con el personaje?

En la obra donde representé a una maestra jubilada me sentí como pez en el agua, muy cómoda. Para mí fue fácil porque no tenía que simular nada. Viví muchas de las cosas que el dramaturgo marcaba en su libreto, entonces me sentí muy a gusto. Hay otros montajes que me costaron demasiado, y que casi nunca podía entender al personaje, como por ejemplo en Roberto Zucco, de Bernard-Marie Koltès, un trabajo que hacía pero no me sentía identificada con el personaje, eso puede pasar en un montaje.

 

¿Poder representar un personaje lleva mucho tiempo de investigación?

Sí, a cada obra hay que dedicarse un tiempo a la investigación, hay que conocer sobre el dramaturgo, qué mirada tiene, cuál es su estética, qué nos quiere mostrar en la puesta en escena. Los recursos de los que te vas a valer, la técnica que vas a utilizar, conocer la historia del personaje, su ubicación en el tiempo y en el espacio.

¿El actor tiene la posibilidad de escoger sus personajes o los asigna el director?

Generalmente el director ve en sus actores las potencialidades de cada uno para representar los diferentes personajes, todo el mundo no sirve para todo. El director debe tener la capacidad de visualizar qué personaje le cuadra más a determinado actor, y de acuerdo a ello asigna los personajes. En el caso mío, que fundé mi grupo, yo soy la directora, y soy actriz, me toca hacer el personaje con mayor compromiso porque mis actrices son maestras jubiladas de más de 70 años que no tienen la escuela que yo tengo, entonces prefieren los papeles secundarios.

¿Cuál es el nombre de la agrupación que dirige?

Grupo de teatro Educadores Jubilados del municipio Junín.

¿Cuánto tiempo lleva al frente de la agrupación?

Este año cumplimos 21 años, lo fundé en 1996, fui su creadora y directora permanente.

¿Cuántos montajes han hecho?

Más de 40 obras

¿Y cuántas personas han pasado por el grupo?

Yo tengo un grupo estable, y desde que lo fundé he tenido 12 integrantes; sin embargo, ya han pasado al Oriente eterno 3 de ellos. Me dolió mucho la pérdida de un actor que era tan entregado, tan constante, tan entusiasta, me ayudaba tanto, era como mi mano derecha. Cuando yo estaba con el ánimo bajo, él siempre me animaba, porque a veces he sentido ganas de dejarlo todo. Esto es una lucha constante, es un oficio de mucho sacrificio, de mucha entrega, y que no tiene incentivo económico.

¿Qué fue lo que le gustó del teatro?

Yo pienso que lo tenía en mí, porque recuerdo que cuando era niña en la escuela siempre era quien recitaba, estaba en los actos culturales, en 4to grado hice a Luisa Cáceres de Arismendi; entonces siempre mostré esas inquietudes artísticas. Siempre estuvo en mí.

¿Qué es el teatro para usted?

El teatro para mí son muchas cosas, es pasión, es un acto de amor, es un espejo donde uno se refleja, se conflictúa, eso es el teatro; es entrega, es toma de conciencia, es justicia, es paz, es verdad, es artificio; es otra manera de ver la vida, el teatro es historia, nos cuenta lo que ha pasado, las épocas. El teatro sirve para enseñar, para transformar, para hacer catarsis.

Fuente: diariodelosandes.com

1 COMENTARIO

  1. Respetuoso y cariñoso saludo para mi amiga y siempre admirada educadora Hortencia; no solo eres actriz de teatro, eres educadora, y combinas muy admirablemente bien esos dos mundos.

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