Idiosincrasia del rubiense

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“No sea tan frasco”, era un dicho popular que simbolizaba el hecho de que no fuera tan pretensioso, tan vanidoso en su forma de ser o de vestir. Y es que no era para menos en los días del pasado siglo XIX, ya que hombres y mujeres disfrutaban del buen vestir y de los mejores productos de las Casas Comerciales, que venían expresamente de los mercados norteamericanos y europeos.

Ese gran beneficio, no sólo en el vestir y de la moda, sino en muchos adelantos tecnológicos de esa época, disfrutó el rubiense gracias a la bonanza del café, y comercializada por las casas comerciales mayormente alemanas, y otras de capital local, quienes enviaban sus cargas de café al exterior y de regreso los barcos venían aprovisionados de las mejores mercancías y maquinarias, motores, entre otros.

Esa acción comercial sustentada en el café, por más de siglo y medio, trajo consecuencias muy importantes en el accionar de los pobladores, que disfrutaron de los mejores trajes, corbatas, pañuelos, colonias, licores, bastones, paraguas, y las mejores telas para las damas, así como colonias, romantones, velos, medias, maquinas de coser a mano, tambores para la costura, sedas, hilos, revistas de moda, entre otros. También llegaron las mejores expresiones de la literatura, las cartas españolas, el poker, entre otras atracciones.

Todo ese mundo de innovaciones llegadas a Rubio a través del comercio de intercambio que se opero entre el siglo XIX y mediados del XX, permitió un notable acceso a las innovaciones del mundo occidental por parte de hombres y mujeres, que permitiría decir, que uno de los aspectos resaltantes de la idiosincrasia del rubiense, que no era otro que el vestir, fue de gran realce para los hombres y mujeres de esa época.

Cabe destacar la belleza de la mujer, y su hacendosa entrega a la faena del trabajo, ya que en el campo como en su propio hogar. La mujer de estas latitudes es afable, respetuosa, buena madre, gran amiga, y una luchadora perpetua por el bienestar de sus hijos, de su esposo y de sus familiares y amigos. Pero por encima de todo ello, la mujer exhibe una gracia y coquetería innata, que la lleva a un sitial de honor dentro del colectivo de nuestro pueblo.

Los hombres son dicharacheros, amigos de la conversa, de las expresiones populares, y muy amantes del trabajo y de la diversión. Gusta de la música en sus variadas expresiones, y de reunirse con sus amigos en las fondas y bares para compartir sus alegrías o tristezas. Existe en hombres y mujeres uno de los valores más importantes de la tierra que no es otro que la solidaridad, porque se aprestan a prestar su colaboración con sus familiares y amigos, e incluso con los extraños. El rubiense es cordial por excelencia, escucha a propios y extraños, colabora en todo lo que le sea posible con todos.

La gran mayoría de los habitantes profesan la religión católica, concurren a misa, y celebran fervorosamente la Semana santa y las fiestas de santos y de la patrona Santa Bárbara, el 4 de diciembre de cada año.

Tienen los habitantes un alto interés por las manifestaciones culturales y tradicionales. Preservan su propia manera de expresarse, y no gustan mucho de las músicas y expresiones culturales foráneas. Aquí aún se aviva el “Pato Bombiao”, baile de expresión musical y de intervención poética que es muy propio de estas latitudes. Se celebran las fiestas de Navidad, Año Nuevo, Reyes Magos, Carnavales, La Calendaria, Semana Santa con sus procesiones en las calles, se veneran la virgen de Sata Bárbara, la virgen del Carmen de Cuquí, la virgen de la Fortuna de Caña de Aguas, se celebran las festividades de San José, San Vicente Ferrer de La Revancha, San Isidro Labrador en Río Chiquito, y muchas actividades más como la Feria y Fiestas, en honor a la patrona.

Unido a ese campo religioso los rubiense son fieles creyentes de las divinidades espirituales y sobrenaturales. El rubiense concurre a la protección divina de los espíritus, reza una serie de plegarias y contras en procura de la asistencia divina. Conserva y práctica muchas creencias, entre estas: colocar la herradura en la puerta de su casa, bendición de la palma para los momentos angustiosos y de desastres, cree en el “mal de ojo”, el cual no curan los médicos, profieren oraciones para evitar la mordedura de las culebras y escorpiones, rezan a distancia las gusaneras de los animales, prenden velas a las ánimas benditas, y muchas prácticas más, que permiten decir que el rubiense no es del todo un creyente de una sola divinidad, sino que busca ayuda por otros medios para él y sus familiares, a través de lo mágico espiritual.

Esa constante demostración del rubiense hacia las actividades de orden religioso y mágico espiritual, permiten indicar que el rubiense es un fiel creyente de la acción bondadosa de Dios, y es un ser que día a día lucha en unión de todos los suyos para lograr el desarrollo de su pueblo y de su comarca.

Jesús Acevedo Sánchez
Cronista de la Ciudad

1 COMENTARIO

  1. Gracias al Sr. Jesús Acevedo, Cronista del Municipio, por tan maravilloso articulo. Mi padre de Rio Chiquito Carlos Julio Guerrero ( Quiñones) Nacio el 12 de Julio de 1907 Le llamaban Maestro por ser muy ingenioso en sus labores Trabajo en varias haciendas, llevo a Carlos Andres Perez desde la hacienda hasta Rubio en bestia cuando era niño hasta la escuela fue su «chofer» fue albañil, peluquero, carnicero, panadero ( en Bramon año 1930) hizo el primer pan de maíz, el tenia maquinas de afeitar, navajas, tijeras marca barrilito Alemanas que le traían sus clientes de los viajes a Alemania- Gracias

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