José Lindarte: Leyenda con corazón de león

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En Italia, Lindarte y los demás integrantes del equipo Lotería del Táchira debieron competir enfrentando temperaturas bajo cero y en medio de nevadas. Después de ganar la Vuelta, al llegar a su pueblo natal, la caravana de recibimiento comenzaba desde Puente de Oro.

Enero de 1985. El líder de la vigésima edición de la Vuelta al Táchira entra al Velódromo J.J. Mora, donde los altavoces retumban al unísono de miles de personas que corean su nombre, para recibirlo en medio de una ovación y vítores, de los que solo se dedican a los triunfadores. Al recibir el trofeo como ganador indiscutible del evento ciclístico más importante del país, el rubiense José Lindarte vio cumplida la meta que tiempo atrás se propuso y le marcó la ruta para obtener un sitial de honor en este deporte.

A 35 años de distancia de aquel momento memorable para su existencia, las lágrimas asoman junto a las remembranzas de un recorrido inclemente y sublime por las carreteras del estado a ritmo de pedal, donde en un recodo, entre la multitud de fanáticos, un grupo de niños de una escuela sostenía una pancarta que tenía escrito “Lindarte, tienes corazón de león”. Consigna que tomó para sí y transformó en ánimo, fuerza y velocidad, para ser el mejor.

Su nombre, reconocido en el mundo, forma parte de las páginas donde se escribe la historia del ciclismo venezolano, con protagonistas que por sus acciones son desde ya parte de la leyenda deportiva de nuestro país.

“Fiebre” sobre ruedas

Desde muy pequeño, José Lindarte sintió la afición por el ciclismo. Algo que describe como una “fiebre” que le atrapó desde la primaria y luego desarrolló en el liceo “Carlos Rangel Lamus”, de Rubio, donde lo animaron a incursionar en este deporte los profesores Pedro Zamudio, José Santiago y Édgar Moreno.

A los diecisiete años, producto de su trabajo, pudo comprar su primera bicicleta, y después adquirió otra, fabricada de hierro y bastante obsoleta, con la que compitió en carreras interliceístas.

Su héroe era Fernando Fontes, a quien acompañaba en los entrenamientos y lo observaba, para después copiarlo. Esta dedicación y sus triunfos en las competencias entre liceos, hicieron que sobre él se posara la mirada del técnico Leandro Coco, quien lo sumó a las filas de la selección Venezuela, con la que fue a competir a Washington, lo que considera una experiencia inolvidable.

Su primer acercamiento con el equipo de la Lotería del Táchira no fue muy afortunado, pues una vez culminada la Vuelta del año 81, el entrenador Osman Pulgar le dijo que no servía para correr y que mejor se fuera a estudiar.

Sin amilanarse, ingresa al equipo del Batallón Ricaurte, donde presta el servicio militar de una manera muy particular: como ciclista junto al comandante José David Monsalve.

“Fue una de las mejores experiencias, haber cumplido el servicio militar como deportista y con una persona tan respetada como el coronel Monsalve. Aprendí disciplina, perseverancia y constancia, además de adquirir más conocimientos en el ciclismo”, dice.

En 1984 vuelve al equipo de Lotería, esta vez con mayor experiencia. “Era mi sueño, iba con nuevas perspectivas y fortalecido”. Además, dentro de sus metas personales estaba convertirse en el “capo” del equipo.

Sueño cumplido

Vuelve la adrenalina, la emoción a José Lindarte, cuando se refiere a su triunfo del año 85. Se le revuelven los sentimientos y se traslada nuevamente a esa carrera donde se coronó como campeón.

“Son momentos, que si pudiera retroceder el tiempo y mostrarlos al mundo, sería maravilloso. El sueño de todo ciclista venezolano es ganar la Vuelta Grande de América. Mi reto era ganarles a los colombianos y Dios me brindó esa oportunidad. En el momento cuando me pongo la camiseta de líder, cambia la historia de mi vida”, recuerda.

Hace una pausa para agradecer a sus compañeros de equipo, quienes le apoyaron y resguardaron. El respaldo de su escuadra fue fundamental para cruzar la meta como el vencedor.

“Subí por las avenidas Carabobo y España en medio de un río de gente que presenciaba la carrera y me animaba a continuar con gritos y pancartas. Cuando entré al Velódromo, lo que hice fue soltarme de manos y alzarlas hacia el cielo, dar gracias a Dios por haber ganado la Vuelta”; nuevamente le abruma la emoción.

Aprender a soportar

Del ciclismo, José Lindarte dice que se debe aprender a soportar. Son horas interminables bajo el sol, calor, lluvia, frío, hambre, polvo. Por eso considera primordial el entrenamiento, la dedicación y tener siempre un objetivo.

Los entrenamientos diarios, antes de una Vuelta, son hasta de seis horas sobre la bicicleta. Esto es fundamental, un gran sacrificio, soportado solo por la enorme vocación.

Pero después se recogen los frutos, tal es el caso de este campeón tachirense, que además se alzó con la copa de la Vuelta a Venezuela en 1987, y compitió con éxito en Colombia, República Dominicana e Italia.

Fundación José Lindarte

Problemas de salud ocasionaron el retiro de este insigne corredor. Desde 1996 tiene un pequeño negocio donde repara bicicletas y les hace mantenimiento. Además, dedica un poco más de tiempo para compartir con su familia; su esposa Gladys, de quien dice es su pilar fundamental, sus hijos, Ronan y Miyely, quienes, como su padre, incursionaron en el ciclismo; y sus nietos, Gerain Santiago y María Victoria.

Pero las raíces con este deporte no le dejan alejarse, por eso siempre se ha mantenido vinculado a él, como dirigente, entrenador y formador de jóvenes.

Además, con amigos cercanos creó la Fundación “José Lindarte”, que contó con el apoyo de empresas de la región. Comenzó a trabajar con un grupo de jóvenes y cuando es designado como entrenador del equipo femenino de la Selección Táchira, ingresan a esta varias de sus pupilas, quienes regresan con las medallas de oro y plata.

Actualmente la Fundación se encarga de realizar actividades en categorías menores, como festivales escolares, y de organizar el Desafío al Tamá, carrera que parte del Gimnasio Luis Eduardo ‘el Tierno’ Gómez, hasta la Casa del Guardaparque en La Peña, vía Delicias.

El primer año se inscribieron 150 corredores y se ha mantenido este evento con algunas interrupciones, aun cuando es de prestigio internacional y ya cumplió su novena edición.

Su pesar es que no existe un lugar para la práctica del ciclismo y no se puede exponer a los niños a un riesgo; por lo que a través de los años ha gestionado la construcción de una pista de bicicross para Rubio, pues asegura que Junín es una cantera natural de ciclistas.

El consejo del maestro para quienes se inician: Tener un objetivo, un sueño. El ciclismo es sacrificio y voluntad. Entrenar, porque el día a día recoge los pequeños detalles que sirven para adquirir madurez. Constancia y perseverancia.

El tesoro más grande que a José Lindarte le dejó el ciclismo fue que lo hizo millonario en amigos y el reconocimiento como persona, que siente que lo engrandece y enaltece. Merecido orgullo para quien dejó cincelado en letras de oro su nombre en la Vuelta al Táchira.

Fuente: lanacionweb.com

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