Josefa Joaquina Sánchez

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Josefa Joaquina Sánchez
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A comienzos del siglo XVIII y en un sitio llamado «Casa de Misericordia», suerte de prisión y de manicomio que sostenían las autoridades españolas en lo que hoy se conoce como Parque Carabobo en Caracas, en una de sus celdas agotaba su vida, una mujer venezolana que había sido encerrada allí después de un largo y doloroso proceso contra su esposo, el Protomártir de la Revolución de 1797, José María España.

Doña Joaquina Sánchez era hija de Don Joaquín Sánchez y de Doña Juana Bastidas, vecinos del puerto de La Guaira. Nació en el mismo puerto el 18 de octubre de 1765. Casó con José María España el 27 de julio de 1783, de cuyo matrimonio nacieron los siguientes hijos: Bernandino, María, Germana María, Valentina Soledad, Francisca Josefa, José María Eufemio, Prudencio José, Cosme Damián y José Asunción.

Joaquina Sánchez era mujer de carácter fuerte que sabía hacer frente a las vicisitudes de la vida; había adquirido conciencia de lucha al lado de su esposo y en el trato constante de los primeros revolucionarios que lucharon por nuestra independencia. Con ellos compartió sus momentos peligrosos y los ayudó, no solamente en la propaganda y en la copia de los documentos de la revolución, sino que ella fue quien confeccionó, con sus propias manos, las primeras escarapelas de los patriotas y la bandera del movimiento emancipador.

A raíz de la develación del movimiento, su esposo había huido a Trinidad, regresando un año después y ocultado en su casa, donde siguió desarrollando sus ideas revolucionarias. Delatado su escondite, es hecho preso y sentenciado a muerte, hecho ocurrido el 8 de mayo de 1799.

Días antes había sido interrogada por las autoridades su esposa, Doña Joaquina en vista de la delación que acababa de hacer el negro esclavo Rafael España quien confesó que su ama le había dicho que «indujera a los demás negros de sus Hacienda e inmediatas a que se levantasen y vengan para La Guaira», en contra de las autoridades españolas.

Joaquina, demostrando su entereza de carácter y aparentando tranquilidad contesta las preguntas que le hacen y dice que desconoce el paradero de su esposo, de quien «apenas si ha recibido una carta» y que ignora igualmente donde está Don Manuel Gual y su hermano Domingo Sánchez. Cuando la interrogan sobre el negro Rafael España responde que tiene por lo menos unos tres meses que no habla con el esclavo, que con ella viven solamente sus hijos y la india de servicio María Josefa Rufina. Pero las autoridades tenían constancia que Doña Joaquina había mandado al negro Rafael España a levantar las peonanadas de las haciendas vecinas de La Guaira en un esfuerzo desesperado por levantar la bandera de la libertad caída de las manos de su esposo; también tenían conocimiento de que ella sabía del escondite de su esposo, ya que su estado de gravidez era notorio.

Cuando le preguntaron el por qué estaba embarazada si no sabía de su esposo, ella, armándose de valor para salvarlo, responde «y acaso no hay en el mundo otro hombre que José María España?». Doña Joaquina Sánchez en cinta de su último hijo, inmolaba así su honor de esposa para salvar al padre de sus hijos.

Las autoridades registran la casa, sus bienes son confiscados y Joaquina es arrestada y llevada a la cárcel, lo mismo que el negro Rafael. El corregidor Pimentel se encargó de vigilar la conducta de la esclavitud de la Hacienda «Laderas» propiedad de los España Sánchez y de las demás inmediatas, asegurando que «se necesitaba una escrupulosa vigilancia porque en aquel puerto se formó la conjuración».

El 29 de abril de 1799 llega Doña Joaquina Sánchez a Caracas privada de comunicación y bajo la custodia de un pelotón de soldados al mando del Capitán Vicente Balvey. La sentencia fue pronunciada el 19 de febrero de 1800. En ella se la condena a ocho años de reclusión contados desde aquella fecha en la Casa Hospicio donde se hallaba, «y que cumplidos, se diese cuenta al Tribunal para disponer lo que se estime más conveniente a la ulterior conducta que debe observarse con la referida Sánchez».

El 13 de junio de 1808 Joaquina Sánchez, la olvidada prisionera de la Casa de Misericordia, escribe una representación al gobernador suplicándole que permita a sus hijos continuar sus estudios en la Universidad de Caracas, donde «en la actualidad están oyendo filosofía». Y el 10 de julio recibe la contestación, firmada por Don Juan Germán Roscio, negándole ésta gracia y dándole la orden de que sus hijos vayan con ella a Cumaná, el sitio que le ha sido designado para terminar su vida. Todo éste terrible castigo le fue aplicado a Joaquina Sánchez por no haber delatado a su propio marido, declarado Reo de Estado.

Así es confinada a Cumaná, sin derecho a sacar ningún bien de fortuna, y con la prohibición de volver, ni ella ni sus hijos a Caracas o La Guaira.

Fuente: grannacionaldelospueblos.blogspot.com

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