La Reina de los Estudiantes

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reina de los estudiantes
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En este pueblo hermoso y de nobles moradores, existen personajes que son íconos del tiempo y muchos artistas que con su esfuerzo y su trabajo, han expresado la idiosincrasia del colectivo, aquí los reseño para siempre recordar que en este pueblo nadie se debe olvidar: La Reina de los Estudiantes

Con mi canasto, contenta
vengo a este matorral
para que todos me entreguen
tantica leche con sal,
también platica, no es malo
resuelve necesidá
pero si no traen monedas
plátano también servirá.

Hubo un tiempo cuando yo iba al Liceo a mitad de mañana, había un receso largo; las niñas veíamos como lo varones, varios de ellos con una bolsita en la mano, corrían presurosos, se internaban en aquel montarascal que había al frente. Hasta que un día, una compañera y yo, no entramos a clase para averiguar qué ocurría, como quien dice «la curiosidad mató al gato».

En esa circunstancia nos fuimos acercando poco a poco, mi corazón parecía estallar, cuando agazapadas, quietecitas entre aquel monte logramos ver un cinturón de muchachos, nerviosos, colocados religiosamente uno detrás del otro, unos con la bolsita, otros no; nosotras casi sin respirar vimos cuando llegó una muchacha de unos veintisiete años y medio con un canasto ovalado, tapado con dos pañitos, ella era trigueña clara, ojos inmensos de color pardo, su pelo negro ondulado brillante, fina cintura, senos redondos como toronjas. El traje verde naranja, de su cartera negra, polvorienta, medio abierta sobresalía un palo redondeado que envolvía un trozo de trapo verde.

Casi conteniendo el aliento pudimos ver cómo ella se bajaba sus pantaletas y a un lado, abría la cartera, al tiempo que exclamaba: — “Bueno, bueno, eso sí, rapidito que estoy apurada mis angelitos: Plata en mano, culo en tierra, y el que no me echa algo en el canasto, aja?”.

No sé cuánto tiempo transcurrió, pero vimos cómo los muchachos enterraban su naturaleza colgante en el hoyo de aquella mujer, pero un niño por estar nervioso (atorado), dejó caer lo que traía en su bolsa: tres plátanos, una cebolla y dos papas que de lo viejas que estaban, ya tenían tubérculos, como quien dice, «agarrando aunque sea fallo».

A los pocos días, vino a Rubio un dirigente político y nosotras de curiosas fuimos en la tarde a la Plaza, allí estaba esa muchacha sentada en una banca, dormía profundo, de repente se despertó y empezó a amenazar en voz alta: “Es que los voy a castigar, ya lo verán!”, nosotras preguntamos a una y otra persona qué le pasaba, y nos dijeron que ella era de otro partido y mientras dormía, le cambiaron el trapito que llevaba enrollado por uno de otro color.

Nunca supimos cómo se llamaba ella, después alguien en el campo deportivo nos dijo que ella era la «Reina de los Estudiantes»… nunca supimos su nombre.

Fidelia Chaparro U.
«Garladurías o Crónicas de Nosotras»

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