Las Veladas

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(Imagen referencial)
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Una costumbre de gran relevancia para la vida cultural de la cuidad, era la celebración con cierta periodicidad de actos culturales que para aquel entonces llevaban el sugestivo nombre de Veladas, consistían estos eventos en largas jornadas, creo que el nombre aludía justo a eso, se iniciaban a las 7.oo p.m. y se prolongaban hasta más allá de las 10. P.m. Donde se hacía gala de los talentos artísticos de la ciudad.

Es oportuno este momento para rendir emocionado tributo a la Srta. Ofelia Burgos, gran organizadora, coordinadora, productora, directora y presentadora de aquellos magníficos e inolvidables espectáculos. Los más llamativos y sugerentes tenían lugar en las instalaciones de los colegios María Inmaculada conocido como el colegio de los padres y el de Nuestra señora del  Rosario,  el de las monjas.

Fueron emblemáticas y de muy grata recordación:  Jóvenes con gran entusiasmo prestaban su incipiente y particular talento para interpretar hermosas y suaves Barcarolas, declamar largos poemas alusivos a la patria, a la fe,  la madre y un largo etcétera; igualmente escenificaban algunas comedias breves de corte humorístico, algunas incipientes coreografías y unos cuadros  vivos en torno a temas religiosos o históricos, donde los participantes ataviados con trajes confeccionados por sus progenitoras, permanecían, estáticos , en profundo silencio representando con esmero conocidas escenas.

Revivo, ahora, uno que me impresionó consistía en una alegoría sobre la historia de Genoveva de Bravante cuya puesta en escena fue una réplica muy similar a la aparecida en algunas revistas de Historia e Historia Sagrada de gran circulación entre los jóvenes, escena que la gran Ofelia se esmero al punto de construir una bella escenografía donde colocó estratégicamente un par de  venados, con tal perfección, que a lo lejos parecían reales.

En algunas veladas, como en las de mi colegio Los Andes, además de la participación de los alumnos, era frecuente la participación de los representantes con talento musical, así una noche de especial gala  se presentaron al piano y tocando el violín, respectivamente, dos connotadas damas Dña. Ana Matilde Ramírez de Alarcón y Dña. Elizabeth Benhaimer.

En cierta  ocasión los más pequeños ensayaron una canción y un incipiente baile sobre la vida de las abejas, el día del acto, Las abejas,  vestidas con trajes de franjas amarillas y negras  y tocadas con antenas de alambre, armaron gran barullo en medio de la canción  al punto de enredarse en las antenas y convertir la infantil coreografía en un caos de alambres entrelazados al punto de ameritar la diligente y oportuna intervención, del Ing. Werner Hornung, quien  -alicate en mano-  logró separar a las consternadas abejas mientras el público no atinaba sI reír o llorar ante semejante situación y por supuesto, los frustrados niños, bajaron llorando del improvisado escenario.

Los institutos públicos también hacían sus actos donde destacaba la presencia muy marcada del folklore venezolano fueron muchas las veladas  donde niños y niñas del grupo escolar Estado Sucre, en su enorme auditorio de altos techos, presentaban en atinadas puestas coreográficas: coloridos  Sebucanes, emplumados-en papel crepé-pájaros Guarandoles, atigrados Chiriguares y variopintos Chimichimitos.

Rubio no tuvo -que yo recuerde- hasta el 61, grupos de teatro aficionados ni profesionales, lo que si se manejó con bastante diligencia y seriedad fue lo que respecta a agrupaciones corales, memorables las de la normal Gervasio Rubio dirigida por el Prof. Virgilio Emilio  Gamboa Ramón y en su momento el grupo  los  Madrigalistas  magistralmente llevado por el Profesor Carlos Riazuelo, de origen hispano, uno de los mejores profesores  de Francés que tuvimos.

Fuente: enrubio.blogspot.mx

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