Los Bernheimer de Rubio

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El palacio Bernheimer
El palacio Bernheimer, situado en Lenbach Munich. Actualmente es patrimonio cultural.
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La impresionante historia de una acaudalada familia judía procedente de Múnich que se refugió en una hacienda cafetalera de los Andes Venezolanos para salvarse del Holocausto.

Los Bernheimer

Rubio, un pueblo andino fronterizo con Colombia es testigo de un trozo de la historia de la familia Bernheimer. Compuesta por los esposos Otto Bernheimer y Carlota Guttmann junto a sus hijos Ludwig y Kurt.

Los Bernheimer antes de 1938 eran una acaudalada familia Bávara, poseían un palacio en pleno centro de Múnich con todo el esplendor y la opulencia de la época, en su residencia palaciega eran frecuentes las recepciones con invitados de alta sociedad, su principal tema de conversación era el arte, el oficio y pasión familiar.

Lehman Bernheimer
Lehman Bernheimer con sus hijos Max, Ernst y Otto, los acompañan empleados de una prestigiosa casa de subastas.

La fortuna de esta familia provenía del buen tino para los negocios del padre de Otto, el comerciante Lehmann Bernheimer, quien habría comenzado el negocio familiar con la venta de telas, alfombras y elementos de decoración, al fallecer éste en 1918 Otto se encargaría del negocio incorporando el comercio de las obras de arte y exclusivos artículos de lujo. Desde la casa comercial Bernheimer se atendían peticiones especiales de la familia real bávara, y buena parte de la aristocracia y burguesía europea. Incluso en los inicios del nacionalsocialismo los mismos jerarcas nazis se proveían de artículos lujosos en esta exclusiva casa comercial.

La tragedia

No obstante las relaciones comerciales con el nuevo poder alemán, los Bernheimer no se librarían de la vileza nazi. En 1937 fue expropiada la villa campestre que la familia poseía a orillas del lago Stamber para utilizarla como centro de adestramiento ideológico del partido nacionalsocialista, ya entonces se podía presagiar que la voracidad nazi iría en aumento. El clímax de estos ataques ocurrió sin lugar a dudas en la aciaga noche de los cristales rotos, ocurrida el 09 de noviembre de 1938, una ola sangrienta de judeofobia donde cientos de sinagogas, casas y comercios de judíos fueron vandalizados y quemados por turbas alentadas por los nazis, gran parte de las propiedades de la familia Bernheimer fueron confiscadas, entre muchas obras de artes robadas destacan esculturas de Riemenschneider y dos pinturas de altísimo valor, Der Philosopher de Carl Spitzweg y una Madonna de Antonio Alegri.

Pero el horror no termina allí, entre los miles de judíos hechos prisioneros estaban el patriarca de la familia Otto Bernheimer y sus hijos Kurt y Ludwig quienes fueron llevados al campo de concentración de Dachau, allí sufrieron las indecibles vejaciones nazis, les raparon el cabello, los mantuvieron en trabajos forzados, hacinados y con apenas unos mendrugos de pan o una papa al día. Justo cuando estaban perdiendo las esperanzas su salvación vino desde México, y es que a la sazón Otto fungía como Cónsul del presidente Mexicano Lázaro Cárdenas en Baviera, al enterarse de la situación de los Bernheimer el presidente Mexicano le exige al ministro de Relaciones Exteriores alemán la liberación incondicional de Otto y sus familiares, de lo contrario, les aseguró que pondría tras las rejas a doce connotados alemanes que hacían vida en la sociedad mexicana.

La intervención del presidente mexicano surtió efecto, el 20 de diciembre de 1938 Otto y sus hijos fueron liberados, sin embargo desde ese momento eran otras personas, a sus propios familiares les era difícil reconocerlos, sus maltrechos cuerpos evidenciaban el abuso sufrido en apenas unas semanas.

El despreciable Goering

Dachau
Campo de concentración de Dachau en el año 1939.

Otto se encontraba en una contradicción, se quería quedar y luchar por sus bienes, pero por otro lado sabía que tal vez él y su familia no contarían con la suerte de volverse a escapar en caso de ser recapturados. Cuando finalmente decidieron irse se encontraron con que la burocracia nazi hacia casi imposible que emigraran, entonces apareció un viejo cliente de la casa comercial Bernheimer, el jerarca nazi Hermann Goering, él mismo que sería el número dos del partido nazi y un notable coleccionista de arte (llegó a tener 3.100 obras robada a los Judíos y a enemigos del régimen), sabía de la riqueza de los Bernheimer y vio una oportunidad de hacerse de buena parte de su bienes.

El nazi le hizo una propuesta draconiana a Otto Bernheimer, a cambio de un salvoconducto que les permitiría salir de Alemania y salvar su vida, Bernheimer debía comprar una hacienda cafetalera en los andes venezolanos llamada «La Granja» que pertenecía a una sobrina de Goering, el precio de compra era exponencialmente mayor al real, además debían renunciar a la ciudadanía alemana, y se especula que tuvieron que venderle obras de artes por un precio ridículo.

La Granja

gestapo
Documento de la Gestapo en el cual privan de la ciudadanía alemana a Otto y Carlota Bernheimer.

Otto y su familia viajaron a Londres en 1939 mientras se hacía efectiva la transacción al jerarca nazi para luego emprender viaje a Venezuela en 1940. En ese entonces, La Granja era una propiedad descuidada que les reportaba gastos a sus dueños alemanes, razón por la cual querían deshacerse de ella, y fue esta la oportunidad que Goering vio para beneficiarse y además favorecer a sus familiares.

La Granja formó parte de la dote que la sobrina de Goering, Erika Burchard recibió al casarse con Walter Roden, quien a su vez la heredó de su padre, el cual la había adquirido durante la crisis del precio del café de 1891 cuando los productores cafetaleros andinos, endeudados con préstamos y por la compra de bienes con las casas alemanas radicadas en el Zulia, debieron entregar sus fincas cafetaleras para saldar la deuda. También eran de la familia Alemana Rode las haciendas Montebello, Altagracia, El Dorado, Costarrica, La Unión y La Granadina.

La hacienda no fue cómoda para la familia Bernheimer, quienes estaban acostumbrados a los lujos y a una cultura refinada, además no sabían nada sobre el trabajo agrícola, a los tres años de estar en Venezuela murió Carlota Guttmann de Bernheimer la esposa de Otto.

Sin embargo; los miembros más jóvenes de la familia parecían adaptarse más fácilmente, con el pasar de los meses y gracias a una voluntad férrea la finca fue dando frutos, construyeron una casa en el propio pueblo de Rubio y Kurt, el hijo menor de Otto, contrajo nupcias con una dama local hija de un cafetalero, la señorita Mercedes Uzcátegui.

A pesar de todo, el viejo Otto no se resignaba y se negaba a aceptar su nueva situación. Su ilusión volvió al saber que la guerra había concluido con una victoria para los aliados, apenas un par de meses luego regresó a Múnich a tratar de recuperar su patrimonio, es bien documentado sus esfuerzos para que las fuerzas militares estadounidenses, que tenían el control de Baviera, les reintegrará su propiedades, en una carta que un ex empleado a cargo del negocio (para entonces arianizado) enviara a Otto tres semanas después de la rendición de Alemania, le informa que el patrimonio familiar se encontraba disperso en diez castillos y monasterios, además de 64 almacenes.

El renacimiento de los Bernheimer

En el lapso de tres años y ante la insistencia de Otto Bernheimer los estadounidenses localizaron e hicieron entrega de varias propiedades y obras de arte, a pesar de esto, obras de sumo valor hasta ahora no han sido halladas. La villa veraniega en el lago Starnberg estaba para el momento siendo utilizada como una escuela, por lo que Otto decidió de inmediato donarla al Estado para que siguiera prestando esa función (actualmente lleva su nombre).

La recuperación económica de Otto fue notoria, reconstruyó su palacio y para 1948 ya comenzaba operaciones comerciales enfocándose en las telas y muebles nuevos, por su iniciativa se funda la feria de antigüedades y arte alemán en 1956, al poco tiempo lo eligieron presidente de la asociación de comerciantes de arte alemán y en 1959 le conceden la distinción Orden al Mérito de Baviera, por lo que el viejo Otto recobró la dignidad que años antes le fue arrebata por los fanáticos nazis.

Los Bernheimer de Rubio

Del matrimonio de Kurt Bernheimer y Mercedes Uzcátegui, nacieron en Rubio, María Sol e Iris Elena y en el año 1950 Konrad Otto Bernheimer Uzcátegui, poco antes que toda la familia con sus nuevos integrantes regresaran a Múnich por pedido del ya anciano Otto, Kurt se quita la vida, tal vez agobiado por los recuerdos de su reclusión en el campo de concentración de Dachau. A pesar del trágico suceso Mercedes y sus hijos se van como el resto de los Bernheimer a Múnich. (Años más tarde Mercedes regresaría a Venezuela, murió en su ciudad natal recientemente).

Konrad nieto.

El viejo Otto, muere el 05 de julio de 1960 y luego de reacomodos familiares a partir de 1977 su nieto Konrad Otto Bernheimer Uzcátegui se encarga de la empresa familiar, actualmente deslumbra con una brillante carrera en el mundo del arte en el que fue iniciado por su abuelo, pero en el que se ha hecho un nombre propio, en el año 2002 compró en Londres la galería comercial más antigua del mundo «Colnaghi» para vincularla con la galería Bernheimer de Múnich. Acaba de presidir la feria anual de antigüedades y arte clásico realizada en Holanda y tiene sus oficinas en Londres y Múnich.

Este relato, es solo uno de los tantos que evidencia el drama que millones de familias judías europeas sufrieron por causa del nazismo, hasta hoy se ha escrito mucho, pero no todo, y es que la magnitud y los efectos de aquel episodio negro de la historia reciente de la humanidad son tan abrumadores que muchos sobrevivientes prefirieron borrar este capítulo nefasto de sus memorias. Aún quedan historias por descubrir!

Fuente: Bernardo José Zinguer Delgado. monografias.com

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