Los picoteos

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La gente de mi pueblo siempre fue muy fiestera, durante nuestra época de secundaria era habitual la realización de fiestas los fines de semana, especialmente los sábados. Solían efectuarse en casas de familia donde por lo general, moraban muchachas bonitas y bailadoras. Las organizadoras se empeñaban en un ajetreo que comenzaba desde la semana anterior al evento y así se convertían en una especie de productoras y animadoras, moviendo toda clase de preparativos para hacer un picoteo que superara en calidad y alegría al que otro grupo había celebrado apenas unos quince o veintidós días atrás.

Se empeñaban, digo, en una carrera para que todo saliera bien: hacían la lista de invitados, fijaban la cuota de contribución que por lo general era de un fuerte , cinco Bolívares , de los de antes y se daban a la ardua tarea de cobrarle a los futuros participantes; una vez contabilizado el dinero recaudado, se iniciaba lo que podríamos llamar la segunda fase de producción: decidir las bebidas a consumir y los pasapalos para matizar, regularmente se brindaba con guarapita, una suerte de coctel donde se mezclaba ron, del barato, por supuesto, con refresco de cola y muchos limones que nadaban en aquel líquido; la parte gastronómica, se traducía en sanduches elaborados en galletas de soda, rellenos de una crema a base de diablitos y mantequilla y en algunos casos, los menos, sándwich express o picanesa.

Había sus variantes, cuando las organizadoras querían ofrecer algo más sofisticado, aumentaban en algo la cuota y servían algunos cocteles más finos, repartían trocitos de queso amarillo, presentados en palillos insertados en grape fruit y en casos muy especiales los llamados ojos de buey.

El motivo de la celebración, las más de la ocasiones, no era importante, simplemente ganas de bailar, de tomar algo, en fin, de pasarla bien; claro en algunos casos había de por medio el inicio de algún romance juvenil y se aprovechaba la reunión para que la pareja en ciernes, profundizara en su idilio.

Ah, casi olvido lo primordial, el por qué del nombre picoteo: la música , grabada al principio en discos de pasta de 78 r.p.m. , luego en 45 r.p.m y finalmente con la aparición de los L.P., era reproducida en aparatos de sonido conocidos como Pick Up y que todo el mundo llamó sencillamente: el picó. De ahí el nombre, fiesta con picó igual picoteo. Cuánta Billo’s; cuánta Sonora Matancera; cuánto Chucho Sanoja; cuánto merengue de Xavier Cugat; cuántos Melódicos, nos hicieron disfrutar en aquellas recordadas salas donde los hermanos menores de la niña de la casa rociaban los pisos con talco para que los bailadores demostrarán habilidad y agilidad haciendo los nuevos pasos y las figuras de moda.

Sirva este momento para recordar a uno de los mejores bailadores que he conocido: Antonio Moreno, Cascarita, gran personaje, amigo, infaltable en picoteo bueno.

Los colao’s no faltaron, pero es historia muy conocida, los hubo y de los buenos, nunca pagaron, siempre entraron y bailaron y generalmente eran quienes levaban encaletada su carterita o su botella para brindar copiosamente, salud a ellos.

No puedo terminar este recuerdo sin hacer un humilde homenaje, con el debido respeto, a una dama quien permitió generosa los salones de su casa en la Victoria para muchos y muy buenos picoteos, Doña Ángela Bastos, elegantísima, excelente anfitriona, toda una señora del buen hacer social y la alegría. Gracias a ella y otras damas, hoy algunos podemos decir en criollo: “Quién me quita lo bailao”

José Francisco Delgado Arauz
enrubio.blogspot.com

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