Los que peluquearon a bolívar

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(Imagen referencial)
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En esa larga caravana del recuerdo de la vida hoy quiero referirme a los fígaros de la antepasada centuria que en el arte de la tijera y el peine sucumben ante el nuevo milenio. Los barberos que silbando: “…el fígaro sí, fígaro la, fígaro no”, mientras quitaban el paño de retener los cabellos y sacudirlo y que colocaban un espejo por detrás a las recién peluqueadas cabezas de sus clientes y que conuna sonrisa a flor delabio le preguntaban: ¿Está conforme? ¿Le agrada el corte?

Finalmente agregaban: “Es real y medio para los muchachos y un bolívar para los adultos”.

Los más recios rajabarbas llegaron a Rubio en 1878 de antepasado siglo, atraídos por el auge cafetero; procedían de ese bello pueblito llamado Borotá, enclavado en el distrito Lobatera. Don Martín y Don Valentín Lozada echaron sus raíces en el pontálido pueblo. Este último contrajo nupcias con la señorita Eufrasia Rodríguez. De esta unión nacieron: Rosario, Valentín, Daniel Ángel Antonio, Alejandrina y Víctor. Los varones todos fueron barberos y lograron fama estableciéndose en la Villa de San Cristóbal, lo que les significó más dinero y amplia clientela. Ángel se estableció al lado de “Ecos del Torbes”; Rosario y Daniel Antonio fundaron el “Salón de Barbería Lozada”, al lado del “London Bar” y Valentín se lo llevaron para Maracay como corta cabellos “volando” a los muchachos de la fuerza aérea. Así quedan en Rubio Víctor Lozada Rodríguez, quien funda su “Barbería Lozada”, al lado del casino de Don Carlos Altuve, después de Bernardo Contreras y frente al negocio “El Amigo del Pueblo”, en el puente Cipriano Castro, hoy Puente Unión de nuestra población de Rubio. Su hijo Vícto rLozada Júnior es el último de esta dinastía que todavía labora en la vieja barbería de su padre, frente a la Plaza Bolívar. Víctor Júnior colgó la clave del transmisor Morse por las multisonoras tijerillas, pues su original profesión era la de telegrafista, la cual se extinguía poco a poco, era mal remunerada y ejerce noblemente su profesión desde 1956 hasta nuestros días.

Don Martín hermano de Don Valentín, se casó con la señorita María Ramírez y de ese hogar nacieron al mundo Delia, Ana Julia y Raúl “El Sapo” Lozada, quien también fue fígaro, pero no duró sino tres lustros en su profesión laborando en su barbería “El Salón Ideal”. Por Supuesto que Don Martín continuó guapeando hasta avanzada edad y ya sordo y casi ciego hacía sus tiritos con sus tijeras; el retrato de Don Cipriano Castro que adornaba su barbería era su orgullo, siempre relataba nuevas e interesantes anécdotas o fábulas de su líder. El sapo Raúl compró o fundó el “Londor Bar” en Rubio y trajo la primera Rockola al pueblo, la cual con un bolívar brindaba cinco melodías de la época y los muñequitos tocando; también estableció el “Londor Bar” en San Cristóbal. De las tres barberías Lozadas que tuvo el pueblo de Rubio, tan sólo queda la de Víctor hijo.

Los barberos Lozada fueron un clan y sabían celebrar juntos, pero no revueltos con los zapateros que nunca trabajaban los lunes, se lo pasaban echándose “los palos”. Sin embargo, en la época de Gómez, la situación para los zapateros y el clan de rapabarbas fue un poco intolerable debido a la prohibición de embriagarse los ciudadanos el día lunes, hecho que era penado con detención de tres días. Naturalmente que el clan luego de sus largas farras terminaban donde su única hermana la señorita Eufrasia. Un buen día el capitán Aldana los descubrió a todos ebrios, ante tan dificultosa y embarazosa situación, el clan Lozada inventó una lisonja para desarmar a Aldana:

 “Arriba el capitán Aldana,
es bueno hoy y mañana,
viva el capitán Aldana,
es la autoridad del pueblo,
que lo quiere y lo reclama.”

 Ante tal salida de parte del clan, el capitán Aldana, rascándose la cabeza, sólo atinó a decir: “Los muchachos como que están alegres, pero déjense de boleras, les perdono ésta última” y se fue con su comisión en busca de nuevos infractores de la ordenanza.

Las autoridades, comerciantes, hacendados y gamonales, fueron los clientes de Don Víctor Lozada. Para ese tiempo era buen amigo y socio de Don Bruno Gutiérrez, que ejerció con habilidad y maestría el arte de los cabellos. Todos los jóvenes querían peluquearse con él (era el primer violín de la orquesta), pero Bruno, “Macho Cansado”, como cariñosamente le llamamos en vida, fue un empedernido jugador y siempre estaba muy ocupado con sus apuestas. Cierto día había mucha gente en la barbería de Don Víctor Lozada, y éste lo mandó a buscar con un muchacho al cual le había obsequiado un real para que fuese a buscarlo en el billar bar “La India”, o en gallera, para que fuera a atender su trabajo. Pero Bruno que se encontraba en el pleno oficio de sus apuestas en el billar, y que se las sabían todas, al ver él que el muchacho le manifestaba la razón enviada por Don Víctor, sólo atinó a sonreír y le preguntó: ¿Cuánto te dio el cascarrabias del Víctor?, “Un real, Don Bruno”, contestó el muchacho;sin pensarlo dos veces se metió su mano en el bolsillo, y sacando un bolívar se lo entregó al muchacho diciéndole: “Ve y dile al viejo que yo no estoy en ninguna parte”. El muchacho, que comprendió enseguida la picardía del Bruno, se retiró frotando en sus manos los tres reales que sin mucho esfuerzo se acaba de ganar.

Bruno Gutiérrez fue un nato apostador en múltiples disciplinas deportivas: boxeo, béisbol, fútbol… Jugador y gallero, pero austero en la debida. Fue un hombre de rectos procederes, ejerció en un tiempo la regencia de la oficina de correos en Rubio, y sirvió como prefecto del distrito en varias oportunidades

Otros que manejaron el oficio de las tijeras fueron Carlos Durán, Carlos García, Enrique Peña, Juan Gonzáles (quecher en el 42 y gran futbolista), Víctor Ramírez, Alirio Sánchez. Otro de la vieja guardia fue Ulises Barrientos, quien vino de las Dantas y se estableció en Rubio en el año de 1953 en la avenida 13 , conocida calle Colombia.

No podemos dejar de mencionar al gordo Eugenio Gutiérrez, quien cobraba a real y medio en los corredores y era “Cámara Lenta”, pues su pequeño tamaño le exigía colocar un cajón para subirse en él y hacer su trabajo. En los corredores estaba establecida la “Barbería Rey”, Don Pedro Rey la atendía y lo auxiliaba su hijo. En Bramón sobresalía Don Luis Hernández (hoy abogado Luis Hernández) en el arte de los caballeros con su famoso “Corte Totuma” el cual cobraba a Bolívar a su selecta (porque eran muy pocos) clientela campesina.

La Barbería “Los Andes” de Don José Villamizar, actualmente considerado como decano de los barberos, se encuentra ubicada en la avenida 13 o calle Colombia. Don José nos cuenta que aprendió mirando a uno y otro, y que su especialidad ha sido el “Corte Venado”: Un camino por aquí y un camino por el otro lado”. Aprendió el arte en compañía de Don Domingo Delgado. Su debut fue en “Los Corredores” en los inicios del año 1950 y todavía se acuerda de su tarifa: muchachos real y medio, adultos un bolívar.

El progreso ha traído múltiples innovaciones tecnológicas para hacer más fácil el arte de la barbería. Hoy pululan en nuestra ciudad pontálidad diversos salones de belleza con sofisticadas decoraciones. Sin embargo, nosotros los “Chuchos””, como nos llaman ahora, añoramos las sillas antiguas de barbería, el agua lucema “Suprema”, polvo “Sonrisa”, perfume “John Laud”, la navaja, la espuma, los múltiples espejos y la cháchara picante de los barberos que sabían el acontecer diario de nuestros pueblos. Hoy todo ha cambiado, sin embargo, aun perdura el recuerdo, la memoria de nuestra ciudad, aunque solo han pasado pocos meses del nuevo milenio recordamos y vemos a los pocos peluqueros viejos que peluquearon a bolívar.

Martín Suárez Albarracín.

2 COMENTARIOS

  1. Sobre el articulo: Los que peluquearon a bolívar

    Noten que en la Palmita habia un peluquero llamado Juan Cercado (como hasta 1960). Este peluquero era el unico peluquero en Rubio que no poseia maquina de afeitar electrica. Todo era manual y para ese entonces representaba el corte de pelo mas economico que existia en Rubio.

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