Odisea sabatina

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Sábado 02 de noviembre de este año que agoniza. Me levanto a las 5:30 de la mañana. Tenía que dictar clase en un postgrado en San Cristóbal a las 10 am. Estoy en el municipio Junín. Usted se preguntará por qué levantarse tan temprano si 35 minutos bastan para ir a la capital del estado Táchira. Pues le cuento que alguien me comentó que a tempranas horas de la mañana se encuentra papel tualé en un supermercado cerca del Centro Latino. A las 6:15 enciendo mi chero y me dirijo hasta el mencionado establecimiento. Llegué 10 minutos pasadas las 7 a.m. Entro y miro a los lados. Observo una cola de personas muy ordenadas dentro del mismo. Unas quince o veinte. Pregunté al primero de la cola: ¿Amigo, esta cola para qué es? Me respondió de inmediato: “Parece que van a vender papel higiénico”. Para estar sobre seguro le pregunté a una trabajadora del supermercado: ¿Es cierto que van a vender papel higiénico? Y me respondió: “No sé señor, acabo de llegar”.

Tomé mi carrito y me desplacé por los pasillos en busca de algún producto que satisficiera mi tiempo. Mi espacio. Mi aflicción y desesperación. Opté por comprar un poco de queso. Algunos tomates, cebollas. Un par de vasos para ingerir un trago de escocés en la noche sabatina. De repente oigo una algarabía. Un escándalo. Me asomo donde estaba la cola de personas y en efecto, el bullicio provenía de allí. ¡Impresionante!

La gente casi se agarraba de las greñas por obtener un rollito de papel tualé. Gritaban, entre oras cosas: “Haz la cola” “Estamos desde temprano”. “Abusador” Una señora, adulta mayor, dijo: “Son seis rollos”. Una joven con cara de preocupación dijo: “Dios mío, a lo que hemos llegado”. Me fui, con mi carrito de esperanza, y le pregunté a la cajera: ¿cuántos royos de papel puedo llevar? Me espetó: seis. Una vez calmado el ambiente, así lo hice. Tomé seis rollitos de aquel papel pequeño y endeble; pero en algún lugar del rollo se podía leer: “Calidad extra suave”, además, el precio Bs. 4:43. Y trasladé mi pensamiento hasta la bodeguita donde en algún momento compré el mismo tipo de papel por Bs. 14,00.

Volviendo al supermercado, una vez comprado alguno que otro producto me acerco a la cola para cancelar lo adquirido. Mientras me tocaba el turno, los comentarios no eran nada halagadores. Todos y todas las personas de alguna manera exteriorizaban su malestar. Lo juro por esta, nuevamente se oyen alaridos, gritos, gente corriendo de un pasillo a otro. Una muchacha que estaba en la cola vecina preguntó: “¿Y ahora qué pasa?” Alguien le respondió: “Sacaron la harina Pan”. Un trabajador del supermercado manifestó: “Son tres paquetes por personas”. Vi a una señora con tres paquetes debajo del brazo. Me acerqué al carrito donde reposaban los paquetes de harina, obviamente tomé lo que me correspondía. Y el comentario de indignación siguió su curso. Una voz dijo: “cómo haremos para las hayacas”. Pagué lo que compré.

Me fui a mi vehículo y me introduje en la otra cola. ¿Cuál cola? Se preguntará usted. La cola para surtir combustible. Treinta y cinco minutos estuve allí. Llego al Centro de Investigaciones donde trabajo. Impartí mi clase. Tomé mi camioneta y me desplacé por la Carabobo. Llegando a Puente Real para subir por El Mirador, me tropiezo con otra cola. Impresionante, más de 20 minutos sin avanzar. Como pude di la vuelta en “U” y me lanzo por El Corozo para llegar a Rubio. Eso hice. Pero la carretera, un desastre total y absoluto. Y me acordé de la creación de un Vice Ministerio para la Felicidad. Como decía el fallecido periodista Oscar Yánez: “Así son las cosas”.

Enviado por: Alfredo Monsalve.
alfredo.monsalve10@hotmail.com

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