Onomatopeya indígena

0
182
Publicidad

En muchos lugares de América, Venezuela y -específicamente de nuestro Estado Táchira- se presentan y oyen vocablos de procedencia indígena (o con raíces indígenas), toponimias que llaman nuestra atención por su fuerte sonoridad. Es indudable que con estas palabras los aborígenes designaban ríos, montañas, quebradas, animales, objetos o caciques que producían un sonido especial que ellos pretendían recordar, haciendo uso de su lenguaje en su compleja nomenclatura. Ejemplos de lo indicado son los siguientes vocablos o sonidos fonéticos: Machirí, Murachí, Chucurí, Potosí, Piscurí, Ayarí, Cucurí, Cascarí, Chirirí, Camirí, Quinimarí, Caracolí, Maturín, Morrocoy, Chrrurú, Tancipay, Tibisay, Tamijay, Babay, Morretón, Babal, Barrianezal, Bramón, Bijal, Fical, Yacual, Yatazal, Parchal, Guamal, Guaital, Maporal, Orumal, Palmital, Palotal, Tampacal, Tampacón, Tojón, Torondoy, Tucapé, Uracá, Verdún, Tolú, Cacahual, Caimán, Caney, Navay, Paraguay, Cedral, Cinaral, Cineral, Copé, Cucubal, Boconó, Tononó, Guaraní, Quisquiz, Silgará, Sinaral, Tamá.

El Castellano Literario de Benildo Matías (por el cual estudié en el Colegio la Salle de San Cristóbal en 1946 y 1947, bajo la sabia dirección del Dr. José Fulgencio Gutiérrez), dice que esta correspondencia entre  la idea y su expresión literal es lo que se llama armonía imitativa, porque las palabras imitan los  movimientos o los afectos, o bien los sonidos. En el último caso, la imitación toma el nombre de Onomatopeya. A producir tales efectos contribuye grandemente la Aliteración o armonía literal que consiste en la respuesta intencional de las mismas letras. La Aliteración es propiamente una elegancia del verso; pero tiene también cabida en prosa, a la que da gran sonoridad, oportunamente empleada.

Para las personas que hemos vivido en los más apartados campos y convivido con sus rústicos habitantes, nos ha sido común escuchar estas expresiones y muchas más, que en ningún momento se confunden con palabras arcaicas del idioma castellano, sino que son vocablos de indudable origen indígena, en este caso de procedencia  Caribe o Chibcha, generalmente.

Morretón es una apartada aldea el municipio Córdoba, la que yo solía frecuentar en el año 1938. Camirí es una aldea también de Córdoba, enfrentada a la gigantesca, monumental y misteriosa mole del Cerro de la Mina, donde los lugareños dicen que está encantada la Hija de Manaure. Tancipay, nombre de cacique, es una hermosa y musical aldea del Municipio Córdoba que es encrucijada de varios caminos. Cucurí es una de las principales quebradas del Municipio. Cascarí es una quebrada del Municipio Junín, muy cercana a la entonces  hacienda de El Vegón, donde yo fui llevado en los años 1936 y 1937. Torondoy es un sitio muy conocido en la vía hacia los llanos, caracterizado por sus importantes negocios de víveres, licores y carnicería. Su historia está plagada de leyendas de muertos aparecidos y atravesados en la carretera. Ayarí, de la Troncal 5, vía los llanos, es famoso por su gran recta donde han ocurrido muchos fatales accidentes. Chirirí es el nombre de la quebrada que pasa junto a San Pedro del Río, donde Cipriano Castro derrotó a Espíritu Santo Morales en 1887, Tononó, Tucapé y Boconó son vocablos que forman parte de nuestras vidas. Murachí, Tibisay y Tamá son nombres de caciques indígenas que hemos venido oyendo desde que tenemos uso de razón.

Fuente: lanacion.com.ve

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí