Peregrinación a La Grita: La promesa.

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Cristo de la Grita
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«Ya era entrada la tarde. Sobre la piel reseca de la tierra alta pasa la sombra de alguna nube, las cimas de las montañas ocultábanse en la gris extensión  del cielo y sus laderas descendían negras y desoladas, con sus cicatrices  provocadas por la erosión. El paisaje en cada color es un pedazo del alma campesina. Por estos campos Tachirenses,  sobre la tierra ancha, discurre la vida enrollando  los hombres y va naciendo en la sombra la variedad de los sentimientos. Enrique Márquez, desde su cuarto a través de la ventana miraba los montes, los cerros desolados y lamidos de vegetación que anunciaban el dolor de un frio desierto, respiró hondo, pero ya no alcanzó a ensanchar su pecho como antes…»

José L. Suárez.

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