Rubio: Cuento sobre su fundación – José L. Suárez

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Fotografía: Alan Jaén
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Fotografía: Alan Jaén
Fotografía: Alan Jaén

Ningún conocimiento de mayor importancia para un pueblo que el de sus orígenes, porque en ellos se encierran los elementos que le dieron el ser y los que determinaron su formación a través del tiempo. Pueblo que no sabe de dónde procede, cómo se ha ido estructurando con el correr de las épocas, las vicisitudes por las que ha pasado y los acontecimientos que en él influyeron decisivamente, no merece el nombre de tal.

Vivimos del ayer más que del presente. Somos la resultante de generaciones que actuaron antes que nosotros y de fuerzas que obraron activamente en épocas remotas.Ni el hoy se puede comprender sin conocer el ayer, ni el futuro preparar adecuadamente sin medir las fuerzas que influyeron en la evolución de la sociedad.

La explicación de los acontecimientos históricos no es factible si se desconocen los antecedentes que los determinaron. El presente no se formó de manera espontánea: es una resultante de hechos anteriores reales y verdaderos.

Son variados y múltiples los elementos que integran la naturaleza de un pueblo. Los hay histórico-geográficos, lingüísticos, sociales, culturales. Sin base territorial no se puede hablar de nacionalidad, por tanto los factores histórico-geográficos son de verdad fundamentales para un pueblo y a ellos hay que dar atención preferente.

Hubo un asiento geográfico llamado Valle de Cania, en el que seres primitivos convivieron, más o menos ordenadamente, en la época anterior a la conquista de América por hombres blancos venidos desde Europa.

Conocer esos antecedentes, así fuera de modo imperfecto y somero, es de todo punto necesario y ello podremos lograrlo recorriendo los relatos que nos conservaron los Primitivos Cronistas que escribieron sobre estas cosas.

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